Economía

Giro de Caputo: crece la cobertura contra una devaluación y el dólar se enfría

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Luis Caputo en conferencia de prensa con gráficos de dólar y bonos en pantalla
iProfesional — Finanzas

El ministro de Economía busca calmar las expectativas de salto cambiario con mayor actividad en futuros y oferta de bonos atados al tipo de cambio. Un movimiento que revela la estrategia para estabilizar expectativas en un contexto de reservas ajustadas.

El ministro de Economía, Luis Caputo, parece haber dado un giro táctico en su manejo del frente cambiario. En las últimas semanas se observa un aumento significativo de la cobertura contra una eventual devaluación, tanto en el mercado de futuros como a través de instrumentos atados al tipo de cambio. Lejos de ser un signo de debilidad, el movimiento busca enfriar las expectativas de salto discreto del dólar oficial.

Según datos del mercado, la operatoria en futuros del dólar se intensificó notablemente. Los contratos con vencimiento en los próximos meses muestran un volumen superior al promedio de los últimos trimestres, con posiciones que apuestan a una brecha más controlada. Al mismo tiempo, el Tesoro colocó bonos dólar-linked que funcionan como seguro natural contra una corrección cambiaria abrupta. Quien compra estos títulos se cubre sin necesidad de salir a buscar dólares físicos o MEP en el mercado spot.

Este giro tiene una lógica clara en un contexto donde las reservas netas siguen en territorio negativo y la cosecha gruesa todavía no ingresó con fuerza. Caputo, que ya vivió en carne propia los efectos de una corrida cambiaria en su paso anterior por el BCRA, parece haber optado por una estrategia de “anclar expectativas” antes que por un ajuste brusco del tipo de cambio. La oferta de cobertura oficial actúa como un dique: si el mercado cree que el Gobierno está dispuesto a vender protección contra devaluación, la presión sobre el dólar contado con liquidación y el blue tiende a moderarse.

Mirado en perspectiva comparada, la movida recuerda herramientas que usaron otros emergentes en fases de transición cambiaria. Brasil en 2015-2016 y México durante la salida de la crisis del Tequila ofrecieron swaps cambiarios y bonos indexados para absorber la demanda de cobertura sin quemar reservas. En ambos casos, el efecto fue transitorio pero permitió ganar tiempo hasta que llegaran flujos estacionales o un ajuste fiscal más creíble.

En la Argentina actual, el desafío es más complejo. La brecha entre el dólar oficial y los paralelos se mantiene en torno al 40-45%, un nivel que el equipo económico considera manejable siempre que no se dispare. Por eso la mayor actividad en futuros no es solo una señal de mercado: es también un termómetro que el Palacio de Hacienda monitorea con atención. Si los futuros empiezan a pricear una devaluación mayor a la que el Gobierno está dispuesto a tolerar, la respuesta será probablemente más oferta de bonos dólar-linked o incluso intervención directa en la curva.

Desde el punto de vista del inversor, el mensaje es mixto. Por un lado, la cobertura contra devaluación se volvió más accesible y barata de lo que estaba hace dos meses. Por otro, quien apuesta a un ajuste fuerte del tipo de cambio oficial está encontrando menos contrapartida en el mercado. Eso sugiere que, al menos en el corto plazo, el equipo de Caputo apuesta a mantener el crawling peg actual con una devaluación mensual del 2% y a postergar cualquier salto discreto hasta que las variables fiscales y de reservas den más margen.

El riesgo, claro, es que esta cobertura termine siendo un subsidio implícito si finalmente el tipo de cambio se retrasa demasiado. Como ocurrió en 2018 y en 2022, cuando la acumulación de desequilibrios terminó forzando correcciones mayores a las que se hubieran necesitado con un ajuste más gradual. La historia económica argentina está llena de estos episodios donde la defensa de un tipo de cambio “estable” terminó siendo más cara que una corrección temprana.

Por ahora, el ministro parece haber elegido el camino de la administración fina de expectativas. Si la cosecha ingresa con fuerza en los próximos 60 días y el superávit fiscal primario se mantiene, la estrategia puede darle aire. Si no, el mercado de futuros y los bonos dólar-linked volverán a ser el primer lugar donde se manifestará la tensión. En un país donde las expectativas de devaluación son casi una variable endógena de la política económica, Caputo apuesta a que, ofreciendo cobertura, se puede comprar tiempo y credibilidad al mismo tiempo.

La pregunta que queda abierta es hasta dónde llega esa cobertura y a qué precio. Porque si el costo fiscal de estos instrumentos se vuelve demasiado alto, el remedio podría terminar agravando el problema que busca resolver: la percepción de inconsistencia entre las metas fiscales y la dinámica cambiaria.

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