Milei busca blindar al BCRA por ley pero todavía necesita más dólares
El Gobierno avanza en un proyecto para dar autonomía legal al Banco Central y acumular reservas, mientras negocia un reperfilamiento de deuda para extender vencimientos más allá de 2027 y reducir la incertidumbre cambiaria.
El Gobierno nacional está trabajando en dos frentes simultáneos: dar mayor autonomía legal al Banco Central y acumular reservas suficientes para sostener el esquema cambiario más allá de 2027. Según fuentes oficiales y del mercado, el objetivo es reducir la incertidumbre que genera el horizonte de vencimientos de deuda y la fragilidad de las reservas netas.
El proyecto de ley que se discute en el Ejecutivo buscaría "blindar" al BCRA mediante una reforma que limite la posibilidad de monetizar el déficit fiscal y establezca metas de inflación más explícitas. La idea es que, una vez que se logre el superávit fiscal primario sostenido, el Banco Central pueda concentrarse en su mandato de estabilidad de precios sin presiones del Tesoro. Vale separar dos cosas: la autonomía institucional no resuelve por sí sola el problema de las reservas, pero sí puede mejorar la credibilidad de las expectativas.
Hoy las reservas netas del BCRA siguen en terreno negativo. Aunque las brutas han mejorado levemente por la liquidación estacional del agro y el "dólar blend", el saldo neto de intervenciones, deudas con el FMI y otros organismos sigue siendo deficitario. El Gobierno reconoce que necesita sumar entre USD 8.000 y 10.000 millones adicionales para poder pensar en un esquema de flotación administrada o en la eventual salida del cepo sin generar un salto discreto del tipo de cambio.
En paralelo, el equipo económico negocia con los holdouts y organismos multilaterales un reperfilamiento de la deuda en dólares. El objetivo es extender vencimientos significativos que hoy se concentran entre 2025 y 2027, de manera de evitar un "wall" de pagos que obligue a una nueva reestructuración. Fuentes del mercado estiman que se busca postergar al menos USD 15.000 millones de compromisos para ganar tiempo y oxígeno.
"No hay almuerzo gratis", suele repetir el Presidente. En este caso, el blindaje institucional del BCRA requiere como contrapartida acumular reservas genuinas. La alternativa de seguir financiando con emisión ya fue descartada explícitamente, pero el desafío es cómo atraer dólares sin generar un ajuste recesivo mayor al que ya se observa.
Una mirada más larga muestra que Argentina ha intentado reformas similares en el pasado. La carta orgánica de 1992 y la independencia formal de 2012 no fueron suficientes cuando el resto de las políticas fiscales y cambiarias fueron inconsistentes. La lección que parece extraer el actual equipo es que la autonomía debe venir acompañada de superávit fiscal persistente y un régimen cambiario creíble.
Lo que podría salir distinto esta vez es el contexto externo. Con la Fed recortando tasas y un posible repunte de los commodities, el carry trade en pesos podría volver a ser atractivo si se logra estabilizar las expectativas. Sin embargo, el mercado sigue exigiendo tasas reales elevadas y spreads de riesgo país que, aunque bajaron, todavía reflejan dudas sobre la sostenibilidad de mediano plazo.
El dato relevante acá es que la brecha entre dólar oficial y paralelo se mantiene en torno al 35-40%, un nivel que permite pensar en una unificación gradual pero que sigue exigiendo intervención del BCRA. Si el Gobierno logra acumular reservas y aprobar la ley de autonomía antes de fin de año, podría tener un argumento más sólido para negociar con el FMI una nueva revisión del programa stand-by.
Antes de sacar conclusiones apresuradas, conviene recordar que la historia argentina está llena de anuncios de blindaje institucional que luego fueron modificados por la misma política que los creó. La diferencia, esta vez, parece estar en la consistencia fiscal observada hasta ahora: el superávit primario de los primeros meses del año es el más alto en más de una década. Si se sostiene, el resto de las piezas pueden encajar. Si no, el blindaje quedará en papel.
El desafío inmediato es conseguir los dólares que permitan pasar el verano 2025-2026 sin tensiones cambiarias mayores. Ahí aparece el rol de la deuda: reperfilar para ganar tiempo, acumular reservas para ganar credibilidad y blindar al BCRA para ganar institucionalidad. Tres movimientos que deben ocurrir casi en simultáneo. El mercado, por ahora, los está mirando con cautela pero sin rechazo frontal. Eso, en Argentina, ya es un punto de partida distinto.