Moody's destaca a Argentina como caso de recuperación crediticia en América Latina
La calificadora resalta los avances en la estabilización macroeconómica local dentro de un contexto regional de perspectiva estable pero con crecimientos moderados y presiones fiscales persistentes.
Moody’s Investors Service incluyó a la Argentina entre los casos más relevantes de recuperación crediticia en América Latina durante su último informe regional. El dato no pasa inadvertido en un contexto donde la región mantiene una perspectiva crediticia estable, pero enfrenta vientos de frente marcados por un crecimiento moderado, costos de financiamiento aún elevados y desafíos fiscales estructurales.
Según el análisis de la calificadora, varios países de la región lograron avanzar en reformas que permitieron estabilizar sus métricas de deuda y mejorar la percepción de riesgo. Dentro de ese grupo, Argentina aparece como un caso particular por la velocidad del ajuste macroeconómico implementado desde finales de 2023. La reducción del déficit fiscal primario, la recomposición de reservas del Banco Central y la baja gradual de la inflación figuran entre los drivers que Moody’s pondera positivamente.
Contexto regional: estabilidad con matices
A nivel agregado, Moody’s mantiene una outlook estable para América Latina. Sin embargo, el crecimiento proyectado para 2025 se ubica en torno al 2,2%, por debajo del promedio histórico de la región. Los costos de financiamiento externo siguen siendo elevados para la mayoría de los soberanos, especialmente aquellos con calificaciones en grado especulativo. En este escenario, los países que avanzaron con reformas fiscales y monetarias se diferencian del lote.
Brasil, Chile y Perú aparecen mencionados por sus políticas macro más consistentes en los últimos años. Pero la calificadora reserva un párrafo específico para Argentina, destacando la transición de un escenario de alta inflación y emisión monetaria descontrolada hacia un programa de estabilización que, si bien genera costos sociales, comienza a mostrar resultados en las variables financieras.
¿Qué ve Moody’s en el caso argentino?
Tres elementos aparecen como centrales en el informe. En primer lugar, la consolidación fiscal: el superávit primario de los primeros meses del año marca un quiebre respecto de la tendencia de las últimas dos décadas. En segundo lugar, la acumulación de reservas internacionales, que si bien todavía dista de niveles confortables, muestra una trayectoria positiva incluso en un trimestre de menor liquidación estacional del agro. Por último, la desinflación, que aunque sigue siendo un proceso incompleto, rompió la inercia de tres dígitos anuales.
Estos avances permitieron que el riesgo país cayera por debajo de los 1.000 puntos básicos por primera vez en varios años, abriendo una ventana de acceso al mercado internacional de deuda que el Tesoro ya empezó a explorar con colocaciones en dólares a plazos cortos.
Los riesgos que Moody’s no ignora
El informe no es un aval incondicional. La calificadora subraya que la sostenibilidad del ajuste depende de dos variables críticas: la continuidad de las reformas estructurales (especialmente en el frente fiscal y previsional) y la capacidad de generar crecimiento sobre bases productivas y no solo por recomposición de stocks. Además, advierte sobre la vulnerabilidad externa: una reversión de flujos de capital o un shock adverso en los precios de los commodities podría complicar el sendero.
En ese sentido, Moody’s coincide con lo que varios analistas locales vienen señalando: la fase de estabilización parece haber comenzado, pero la fase de crecimiento sostenible todavía está pendiente de construcción. La historia argentina está llena de programas que lucieron prometedores en los primeros trimestres y luego se desinflaron por inconsistencias de segundo orden.
Comparación con ciclos anteriores
Vale recordar que en 2016-2017, durante la primera administración Macri, Moody’s también había mejorado la calificación local en varios escalones. Aquel ciclo terminó con una crisis de balance de pagos en 2018-2019. La diferencia que la calificadora parece percibir esta vez es la mayor consistencia entre la política fiscal y la monetaria, y una hoja de ruta que no depende de un ancla cambiaria sobrevaluada.
Si bien es temprano para hablar de un cambio de ciclo crediticio estructural, el hecho de que Moody’s destaque a Argentina dentro de la región es un dato político relevante. Mejora el margen de maniobra del Gobierno para negociar condiciones de financiamiento y envía una señal al mercado local de que, al menos desde la perspectiva de los acreedores externos, el programa actual tiene más credibilidad que sus antecesores inmediatos.
El desafío, como casi siempre en la economía argentina, será sostener ese momentum más allá del primer año. La historia enseña que los elogios de las calificadoras suelen llegar cuando el ajuste ya está hecho y se van cuando empiezan a aparecer las primeras inconsistencias.