Notas

Ni autos ni relojes: el impensado negocio de moda con el que Erling Haaland factura millones

Publicado el 01/07/2026 05:05 hs

Erling Haaland con coleta y vincha durante un partido de fútbol
iProfesional — Negocios

El delantero del Manchester City y figura del fútbol mundial convirtió una necesidad estética en un negocio rentable. Detrás de su look característico hay un emprendimiento que genera millones.

El noruego Erling Haaland no solo rompe redes con sus goles. También está rompiendo moldes en el mundo de los negocios off-field. Mientras la mayoría de los cracks del fútbol invierten en autos de lujo, relojes o marcas de ropa, el delantero del Manchester City y de la selección noruega encontró un nicho mucho más personal y, según los números que circulan, bastante más rentable: las vinchas y coleteros.

Todo empezó como una solución práctica. Haaland tiene el pelo largo y lacio, y para jugar sin que le moleste en la cara necesita sujetarlo. Lo que parecía un detalle estético menor se convirtió en un producto con demanda masiva. Miles de chicos y chicas que lo siguen en redes empezaron a replicar su look, y el jugador decidió capitalizarlo.

Según datos que publica el sitio de negocios deportivos Sportico, la línea de accesorios para el pelo que lleva su marca genera alrededor de US$ 8 millones al año solo en ventas directas. No es un número menor para un rubro que, hasta hace poco, parecía marginal en el universo del merchandising futbolero.

De la necesidad al negocio

Haaland no inventó la vincha, pero sí logró posicionarla como un ítem aspiracional. En sus redes, cada foto o video con la coleta prolijamente sujeta genera comentarios y búsquedas. Las marcas que lo patrocinan (Nike, entre las principales) entendieron rápido el potencial y empezaron a producir versiones con su logo o en los colores de sus equipos.

El negocio no se limita a los hinchas adolescentes. En el mundo del deporte amateur y semi-profesional, donde hay cada vez más jugadores con pelo largo, la vincha se volvió un accesorio funcional y, gracias al efecto Haaland, también cool.

Desde el punto de vista del inversor, este caso es interesante porque muestra cómo un atleta puede transformar una característica personal en una fuente de ingresos diversificada. No depende solo de contratos publicitarios millonarios; crea valor a partir de algo auténtico.

Lecciones para el inversor retail

Si miramos el caso con lentes financieras, hay varios puntos que vale la pena destacar. Primero, la autenticidad paga. Haaland no salió a crear una marca de moda genérica; partió de una necesidad real. Eso reduce el riesgo de que el producto se perciba como forzado.

Segundo, el apalancamiento de las redes sociales. Con más de 10 millones de seguidores solo en Instagram, cada posteo actúa como publicidad orgánica de altísimo impacto y costo cero. El return on engagement es altísimo.

Tercero, la diversificación. Aunque el grueso de sus ingresos sigue viniendo del fútbol (sueldo, premios, derechos de imagen), este negocio paralelo le permite generar renta en un rubro con márgenes elevados y costos de producción relativamente bajos.

En Argentina, donde muchos inversores retail buscan ideas de negocios alternativos o formas de diversificar sus carteras, el caso Haaland sirve como ejemplo de personal branding bien ejecutado. No hace falta ser figura mundial: basta identificar una necesidad concreta y escalarla.

¿Es sostenible el modelo?

Claro que hay riesgos. Las modas en el deporte cambian rápido. Si Haaland corta el pelo o pierde protagonismo, el interés por las vinchas puede caer. Además, el mercado de accesorios deportivos está lleno de competidores chinos que bajan precios.

Sin embargo, el jugador parece haberlo pensado. Según reportes, tiene contratos de licensing a largo plazo y está expandiendo la línea a otros accesorios (cintas para la cabeza, elásticos personalizados y hasta una pequeña línea de cuidado capilar).

Desde la perspectiva conductual, es un recordatorio de que las mejores inversiones suelen venir de observar comportamientos reales en lugar de seguir tendencias calientes. Haaland vio que sus hinchas copiaban su look y decidió cobrar por ello.

En un mundo saturado de influencers que venden cursos de trading o prometen rentabilidades irreales, el delantero noruego demuestra que a veces el negocio más redituable es el que surge naturalmente de uno mismo. Y que, si se gestiona con cabeza, puede valer varios millones de dólares al año.

El próximo paso, según rumores que circulan en la industria, es una colaboración con alguna marca de lujo para una línea premium. Si eso se concreta, el “negocio de la coleta” podría pasar de los ocho millones a los quince o más. No está nada mal para algo que empezó como una simple forma de no tener el pelo en la cara.

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