Economía

Qué espera el mercado con urgencia tras la buena respuesta inicial al plan anticrisis de Caputo

Luego de la reacción positiva inicial de los inversores al paquete anunciado por el ministro de Economía, el mercado exige señales concretas de consistencia fiscal y control cambiario para sostener la confianza. Tomás Berenguer analiza qué se necesita para que esta vez el dólar quede bajo control.

Publicado el 7 de julio de 2026, 12:45 hs

Inversores y gráficos financieros en la City porteña tras anuncio económico
iProfesional — Finanzas

La primera reacción del mercado al paquete anticrisis anunciado por el ministro Luis Caputo fue claramente positiva. El riesgo país bajó más de 150 puntos básicos en las primeras 48 horas, los bonos soberanos en dólares cerraron la semana con ganancias de entre 3% y 5%, y el dólar blue retrocedió por debajo de los $1.450. Sin embargo, como suele ocurrir en Argentina, la euforia inicial dura poco si no viene acompañada de fundamentos creíbles.

Vale separar dos cosas. Por un lado, la respuesta de corto plazo reflejó alivio: el anuncio incluyó un superávit fiscal primario proyectado para el resto del año, una recomposición parcial de reservas vía un nuevo swap con China y un esquema de crawling peg más realista. Por el otro, los actores relevantes —bancos, fondos de inversión locales e internacionales y empresas grandes— saben que estos anuncios ya se vieron antes. Lo que esperan con urgencia ahora no son más títulos, sino ejecución y consistencia.

El primer punto que el mercado tiene bajo la lupa es la consistencia fiscal. El superávit primario anunciado es ambicioso, pero la historia argentina muestra que los superávits se derriten cuando llega el segundo semestre o cuando la presión social escala. Los inversores quieren ver no solo el número de mayo o junio, sino cómo se financia el gasto sin apelar al BCRA. Hasta ahora, el Tesoro ha logrado rollovers de deuda en pesos a tasas reales levemente positivas, pero el plazo promedio sigue siendo corto. Un alargamiento de perfiles sería una señal fuerte.

En segundo lugar, está el frente cambiario. El Gobierno intenta convencer a todos los jugadores de que esta vez el dólar estará bajo control. Para eso, el crawling peg del 2% mensual necesita ser creíble. Hoy el tipo de cambio real multilateral se ubica en niveles competitivos, pero la brecha entre el oficial y los dólares libres sigue siendo un termómetro de desconfianza. El mercado espera que el BCRA acumule reservas netas de manera sostenida y no solo intervenga para contener al contado con liquidación.

Un tercer elemento clave es la señal hacia el sector privado. Las empresas están sentadas sobre sus dólares y los bancos redujeron fuertemente su exposición en pesos. Para que empiecen a invertir o a prestar, necesitan ver un horizonte de reglas estables. Eso implica no solo un programa monetario claro, sino también señales de que no habrá nuevas intervenciones discrecionales en el MULC ni cambios abruptos en las regulaciones cambiarias. La experiencia de 2016-2018 sigue fresca.

Ahora bien, lo que podría salir distinto esta vez es el contexto externo. Con la Fed recortando tasas y un precio de la soja que se mantiene razonable, Argentina cuenta con un colchón que no tuvo en otras crisis. Sin embargo, los flujos de capital hacia emergentes siguen siendo selectivos: solo entran a aquellos países que logran combinar disciplina fiscal con credibilidad institucional. En ese sentido, la reciente aprobación de la ley de bases en el Congreso fue leída como una señal positiva, aunque incompleta.

Desde el lado monetario, el BCRA viene esterilizando con fuerza a través de pases y LECAP. La tasa real ex-ante en pesos se mantiene positiva, lo cual ayuda a descomprimir la demanda de dólares. Pero los analistas advierten que si la inflación no baja del 4% mensual de manera sostenida, esa tasa positiva se licuará rápido. Aquí el dato relevante es el núcleo: si el IPC núcleo no muestra una clara desaceleración en los próximos dos relevamientos, la confianza puede revertirse.

En síntesis, el mercado no pide milagros. Pide que el superávit fiscal se cumpla, que las reservas sigan acumulándose sin cepo eterno y que las reglas no cambien cada dos meses. Quien diga que sabe a cuánto va a estar el dólar en seis meses miente, se equivoca o ambas cosas. Pero lo que sí se puede afirmar es que la ventana de oportunidad que abrió la respuesta inicial al plan de Caputo se cerrará rápido si no vienen señales concretas de ejecución en las próximas semanas.

El desafío del Gobierno es pasar de la buena primera impresión a un programa que sea percibido como duradero. En una economía como la argentina, eso vale más que cualquier anuncio.

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