Argentinos compran más dólares pero ya no los guardan bajo el colchón
El apetito dolarizador persiste, pero una parte creciente de los ahorristas elige dejar los billetes en el sistema bancario. Una buena señal para la estrategia de Caputo.
El apetito de los argentinos por la moneda estadounidense no da señales de agotamiento. Sin embargo, una tendencia silenciosa pero relevante está cambiando el paisaje: cada vez menos dólares terminan bajo el colchón y más se depositan en el sistema financiero formal.
Según datos del Banco Central y de consultoras especializadas, las compras netas de dólares por parte de personas físicas se mantuvieron elevadas en los últimos meses, pero el stock de billetes en poder del público muestra una dinámica distinta. Parte de esos dólares está regresando a las entidades bancarias, ya sea en cuentas en moneda extranjera o en plazos fijos UVA ajustados por CER.
Esta evolución representa una buena noticia para el equipo económico que lidera Luis Caputo. El ministro y el presidente del BCRA, Santiago Bausili, han insistido en la necesidad de “desdolarizar” gradualmente la economía, aunque sin forzar un proceso que pueda generar desconfianza. Que los ahorristas opten por el sistema bancario en lugar de la tenencia física es un primer paso en esa dirección.
Menos colchón, más banco
La tendencia se verifica en las estadísticas de depósitos en dólares, que vienen mostrando una recuperación sostenida desde mediados de 2024. Según el último informe del BCRA, los depósitos en moneda extranjera del sector privado crecieron alrededor del 18% en términos reales en los últimos doce meses, mientras que las estimaciones de tenencia física de dólares por parte de hogares se mantienen relativamente estables o incluso registran una leve caída.
“Lo que estamos viendo es un proceso de ‘bancarización’ de los dólares ya existentes”, explica un informe reciente de la consultora 1816. “No es que la gente esté dejando de comprar dólares, sino que una proporción cada vez mayor de esos billetes está entrando al sistema”.
Esta migración tiene varias explicaciones. En primer lugar, la relativa estabilidad cambiaria y la reducción de la brecha entre el dólar oficial y los paralelos han disminuido el incentivo a guardar billetes “por las dudas”. En segundo lugar, las tasas de interés reales positivas en ciertos instrumentos (aunque modestas) y la comodidad de operar digitalmente han hecho más atractiva la opción bancaria. Por último, la memoria reciente de la crisis de 2001 se ha ido diluyendo: cada vez menos ahorristas temen un nuevo “corralito”.
Lección comparada
El fenómeno no es nuevo en la región. Países como Perú y Uruguay, con larga tradición de dolarización parcial, lograron años atrás canalizar una parte importante de los ahorros en dólares hacia el sistema bancario sin necesidad de prohibir la tenencia física. En ambos casos, la clave fue generar confianza a través de políticas macro consistentes y marcos regulatorios estables.
Argentina está lejos todavía de esos niveles de confianza, pero el dato sugiere que el piso de desconfianza institucional podría estar empezando a elevarse. Según estimaciones del Peterson Institute, la tenencia de dólares en efectivo por parte de argentinos rondaría los 200.000 millones de dólares, una cifra que sigue siendo enorme pero que ya no crece al ritmo de años anteriores.
Implicancias para la política económica
Para Caputo, esta tendencia tiene al menos tres lecturas positivas. Primero, reduce la velocidad de circulación de los billetes verdes fuera del sistema, lo que facilita el control de agregados monetarios. Segundo, fortalece la posición de liquidez de los bancos, que pueden usar esos dólares para financiar crédito en moneda extranjera o para mejorar su balance. Tercero, envía una señal de mayor confianza en las instituciones, algo clave de cara a eventuales negociaciones con el FMI o con inversores externos.
Sin embargo, sería prematuro hablar de un cambio estructural. El argentino medio sigue prefiriendo el dólar como reserva de valor ante cualquier signo de inestabilidad. Un rebrote inflacionario o un salto cambiario podrían revertir rápidamente esta tendencia y volver a vaciar las cuentas en dólares.
Por ahora, el dato es alentador. Muestra que, bajo ciertas condiciones de previsibilidad, parte del ahorro dolarizado está dispuesto a salir de la informalidad. Es un pequeño pero concreto paso hacia una economía menos fragmentada entre lo que se guarda en casa y lo que circula por el sistema financiero.
La pregunta que queda abierta es si esta tendencia se consolidará o si se trata solo de un fenómeno transitorio asociado a la relativa calma cambiaria actual. La respuesta dependerá, como casi siempre en Argentina, de la consistencia de las políticas de los próximos trimestres.