Economía

Compañía Mega sumará 50% más de exportaciones con nuevo tren de fraccionamiento en Bahía Blanca

Publicado el 25/06/2026 02:25 hs

Instalaciones industriales del tren de fraccionamiento de Compañía Mega en Bahía Blanca con tanques y torres
Ámbito Financiero — Negocios

Tras invertir u$s260 millones en una planta clave y avanzar en un proyecto adicional de u$s360 millones bajo el RIGI, la empresa espera acompañar el boom de Vaca Muerta y elevar significativamente sus envíos de líquidos al exterior.

La inauguración del nuevo tren de fraccionamiento de Compañía Mega en Bahía Blanca no es solo una ampliación de capacidad: es una de las piezas de infraestructura que el sector hidrocarburífero argentino necesitaba para convertir el gas de Vaca Muerta en dólares de exportación.

La compañía, joint venture entre YPF, Dow y Petrobras, invirtió u$s260 millones en esta obra que ya está operativa y avanza con un proyecto adicional de u$s360 millones que califica bajo el Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones (RIGI). Según su CEO, Tomás Córdoba, el conjunto permitirá aumentar un 50% las exportaciones de la firma.

“Con esta infraestructura vamos a poder procesar más líquidos del gas que se produce en Vaca Muerta y, fundamentalmente, acompañar el crecimiento que se viene en la formación”, explicó Córdoba en diálogo con FortunaWeb. La clave está en la separación de etano, propano, butano y nafta que luego se exportan o se usan como insumos petroquímicos.

El nuevo tren eleva la capacidad de fraccionamiento de Mega de 1,8 millones de metros cúbicos por día a más de 2,7 millones. Eso implica un salto de casi 50% en el procesamiento de gas húmedo proveniente de Neuquén, que llega por el gasoducto que la propia compañía opera.

Desde el punto de vista macro, el timing no es casual. Argentina viene de años de declinación en la producción de petróleo y gas convencional y recién ahora, con la consolidación de Vaca Muerta, empieza a revertir esa tendencia. Según datos del Instituto Argentino del Petróleo y el Gas (IAPG), la producción de gas no convencional ya representa más del 60% del total nacional. El problema histórico fue siempre el cuello de botella downstream: sin capacidad de separación y sin suficiente infraestructura de transporte y exportación, el gas terminaba reinyectado o quemado.

Mega resuelve parte de ese nudo en la costa bonaerense. El etano producido se envía por ducto a la planta de Bahía Blanca de Petroquímica Bahía Blanca (PBB), mientras que los demás líquidos se exportan por el puerto local o se destinan al mercado interno. Con el nuevo tren, la compañía estima sumar alrededor de 200 mil toneladas anuales de exportaciones de GLP y nafta.

El segundo proyecto, que ya obtuvo aprobación bajo el RIGI, contempla una inversión adicional de u$s360 millones y apunta a mejorar la logística de exportación y la eficiencia energética de la planta. Según Córdoba, el régimen de incentivos fue clave para destrabar la decisión: “El RIGI nos da previsibilidad regulatoria y fiscal por 30 años, algo que en Argentina es casi revolucionario para proyectos de esta envergadura”.

Mirado en perspectiva comparada, el caso recuerda lo ocurrido en Estados Unidos con el shale gas de Pennsylvania y Texas. Allí, la inversión masiva en plantas de fraccionamiento (fractionators) y terminales de exportación de LNG y GLP permitió que el país pasara de ser importador neto de energía a exportador relevante en menos de una década. Argentina está en una fase similar, aunque con escala menor y con los condicionantes estructurales que todos conocemos: inestabilidad macro, restricciones externas y una historia de políticas erráticas.

Lo interesante del caso Mega es que muestra cómo, incluso en un contexto de alta incertidumbre, las empresas integradas verticalmente pueden avanzar si logran alinear incentivos con el Estado y con sus socios internacionales. YPF, como accionista mayoritario, aporta el gas; Dow y Petrobras aportan know-how petroquímico y acceso a mercados; el RIGI aporta la estabilidad que antes solo se conseguía con contratos bajo ley extranjera.

Desde Washington, donde se sigue con atención el potencial energético argentino, analistas del sector señalan que el cuello de botella ya no está solo en la extracción sino en la cadena de valor posterior. “Vaca Muerta produce gas; lo que falta es convertirlo en productos exportables con mayor valor agregado”, resumió un informe reciente del Atlantic Council. El nuevo tren de Mega va exactamente en esa dirección.

Para el lector argentino que observa con escepticismo cada anuncio de inversión, conviene poner los números en contexto. Los u$s620 millones comprometidos entre ambos proyectos representan la mayor inversión privada en infraestructura gasífera de los últimos años fuera del upstream puro. Si se completan según lo previsto, aportarán divisas por varios cientos de millones de dólares anuales una vez que alcancen plena capacidad.

Queda, claro, la pregunta de siempre: ¿es esto parte de un cambio estructural o un oasis en un desierto de inconsistencias? Córdoba es cauteloso: “Creemos que Vaca Muerta tiene un potencial enorme, pero para que se despliegue plenamente hace falta continuidad de políticas, más infraestructura de transporte y un esquema impositivo que no castigue la producción”.

Mientras tanto, el nuevo tren ya está fraccionando gas y los tanques de Bahía Blanca comienzan a llenarse de propano y butano listos para exportar. En un país que necesita desesperadamente dólares genuinos, cada tonelada que sale por puerto cuenta. Y esta vez, al menos en Bahía Blanca, la infraestructura parece estar llegando a tiempo.

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