Economía

De consumidores a vendedores: cómo las plataformas convirtieron cada recomendación en negocio

Publicado el 29/06/2026 15:10 hs

Persona joven revisando celular con notificaciones de ventas y comisiones en plataformas digitales
Ámbito Financiero — Negocios

Influencers, cuentas de ofertas, afiliados y grupos de WhatsApp transformaron la recomendación cotidiana en una fuente de ingresos. En una economía donde el salario no alcanza, vender se volvió parte de la rutina diaria de millones de argentinos.

En los últimos años, Argentina transitó una transformación silenciosa pero profunda: millones de personas pasaron de ser solo consumidores a convertirse en vendedores ocasionales o sistemáticos. No se trata de emprendedores tradicionales ni de PyMEs formales, sino de usuarios comunes que monetizan su tiempo, su red de contactos y su credibilidad personal a través de plataformas digitales.

El fenómeno tiene varias capas. En un extremo están los influencers y youtubers que construyen audiencias masivas y viven de publicidad, patrocinios y comisiones. En el otro, están las miles de cuentas de Instagram o TikTok que comparten “ofertas del día”, reenvían links de Mercado Libre o administran grupos de WhatsApp donde se venden desde electrodomésticos hasta ropa de bebé. Y en el medio, un universo cada vez más amplio de programas de afiliados que pagan comisiones por cada venta generada a través de un link personal.

Según datos de Mercado Pago y plataformas de e-commerce locales, el volumen de transacciones entre particulares (C2C) creció de manera sostenida desde 2020. Parte de esa expansión se explica por la pandemia, pero otra parte responde a un fenómeno estructural: en una economía donde el salario real perdió terreno frente a la inflación, cualquier ingreso adicional se volvió relevante. Recomendar un producto ya no es solo un acto social; es una transacción potencial.

El modelo de afiliados gana terreno

Los programas de afiliados de Mercado Libre, Amazon, Shein, AliExpress y marcas locales como Frávega o Musimundo se multiplicaron. Un usuario que tiene 5.000 seguidores puede generar entre $80.000 y $250.000 mensuales adicionales solo por compartir links, según estimaciones de cuentas medianas consultadas. El mecanismo es simple: se genera un link personalizado, se comparte en historias, estados de WhatsApp o reels, y cada compra que se origine en ese enlace paga una comisión que oscila entre el 5% y el 15%.

Lo interesante es que el umbral de entrada bajó drásticamente. Hace diez años hacía falta una audiencia grande para monetizar. Hoy alcanza con un grupo de WhatsApp de 200 contactos o una cuenta de Instagram con 1.500 seguidores fieles. La confianza reemplazó al alcance masivo.

De la recomendación al “side hustle”

Este cambio no es neutro. Transforma la naturaleza de las relaciones sociales. Un estado de WhatsApp que antes era “mirá lo que compré” ahora suele venir con un link de compra y, muchas veces, un código de descuento que beneficia tanto al comprador como al que recomendó. La línea entre amigo, familiar y vendedor se vuelve borrosa.

Desde el punto de vista macro, el fenómeno tiene lecturas ambiguas. Por un lado, representa una forma de adaptación creativa a la restricción de ingresos. Por otro, es un síntoma de la precarización: parte de la población complementa su sueldo con actividades informales de bajo umbral que no generan aportes jubilatorios ni cobertura social.

Las plataformas, por su parte, encontraron una forma eficiente y barata de escalar ventas. En lugar de invertir solo en publicidad tradicional, externalizan la recomendación a miles de microinfluencers que conocen mejor a su audiencia. Es un modelo win-win entre plataformas y usuarios, aunque deja fuera al Estado, que ve cómo parte de la actividad económica se desarrolla en zonas grises de tributación.

¿Sostenible o burbuja?

El crecimiento de este ecosistema plantea preguntas de fondo. ¿Cuánto de este volumen de ventas se sostiene por el efecto novedad y cuánto es estructural? ¿Qué pasa cuando la competencia entre “recomendadores” se intensifique y las comisiones bajen? ¿Hasta qué punto la saturación de links y ofertas erosiona la confianza que hoy es su principal activo?

Lo concreto es que, por ahora, el tren sigue avanzando. Cada vez más marcas lanzan sus propios programas de referidos. Cada vez más personas dedican parte de su día a buscar ofertas, negociar comisiones y gestionar ventas. El consumidor pasivo del siglo XX quedó atrás. En su lugar hay un agente económico híbrido que consume, recomienda, vende y, en muchos casos, también produce contenido.

En una Argentina donde el ingreso formal no alcanza para cubrir la canasta básica en muchas regiones, convertir la vida cotidiana en un canal de ventas dejó de ser una opción marginal. Se volvió, para muchos, una estrategia de supervivencia económica con disfraz de emprendedurismo digital.

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