Deuda flotante: el Gobierno normalizó pagos en mayo tras cerrar la billetera en el primer trimestre
La deuda flotante de la administración central cayó 56% interanual en mayo. Tras acumular $4 billones en marzo por el ajuste fiscal, el Tesoro volvió a regularizar compromisos con proveedores y organismos.
La deuda flotante de la administración central, ese stock de compromisos que el Tesoro acumula con proveedores, organismos descentralizados y jubilaciones, mostró en mayo un cambio de tendencia claro. Según datos oficiales, el saldo bajó 56% en términos interanuales y se ubicó por debajo de los niveles de marzo, cuando había trepado hasta los $4 billones como consecuencia del ajuste fiscal más duro de los últimos años.
En el primer trimestre el Gobierno optó por “cerrar la billetera”. Eso significó postergar pagos de manera deliberada para cumplir la meta de superávit primario y evitar mayor emisión. El resultado fue un pico de deuda flotante que, medido en términos reales, resultó el más alto desde la salida del cepo en diciembre de 2023. Pero a partir de abril, y con mayor fuerza en mayo, el Ministerio de Economía comenzó a destrabar esos pagos pendientes.
¿Qué es exactamente la deuda flotante?
Se trata de obligaciones ya devengadas pero aún no pagadas. Incluye desde facturas de proveedores estatales hasta transferencias a universidades y obras sociales. No es deuda financiera (no paga intereses explícitos), pero sí genera tensiones operativas y, cuando se acumula demasiado, termina funcionando como una cuasi-emisión encubierta porque los proveedores trasladan esos atrasos a precios.
Según el informe de la Oficina de Gestión Presupuestaria, en mayo se regularizaron pagos por más de $2,5 billones, lo que permitió reducir el stock de manera significativa. De esta forma, la deuda flotante volvió a niveles más consistentes con una administración “normal” de caja, aunque todavía se mantiene elevada en términos históricos.
El trade-off del ajuste
Camila Llorente, desde la mirada del inversor, explica que este tipo de movimientos son clave para entender el verdadero costo del ajuste. “Cuando el Tesoro demora pagos, está financiando el superávit con proveedores y con el sector privado. Es un impuesto encubierto vía atrasos. La buena noticia es que en mayo empezó a normalizar; la mala es que esa normalización tiene que ser financiada de alguna manera: o con mayor recaudación, o con menos gasto, o con más deuda”, señala.
El dato cobra relevancia porque el mercado venía siguiendo de cerca la evolución de esta variable. Analistas de mercado estimaban que si la flotante seguía subiendo, el segundo semestre podía traer presión sobre las cuentas públicas y, eventualmente, sobre el tipo de cambio o las tasas.
Comparación con años anteriores
En mayo de 2024 la deuda flotante era 56% más alta que la actual. Ese descenso interanual se explica por la combinación de mayor recaudación (producto de la inflación pasada y la recuperación de algunos impuestos) y por la decisión política de empezar a destrabar pagos una vez que el superávit primario ya estaba consolidado.
Sin embargo, fuentes del Palacio de Hacienda admiten en off que todavía quedan algunos rubros sensibles por regularizar, especialmente en el área de salud y educación. “No es que se pagó todo; se empezó a pagar lo más urgente”, resumió un funcionario.
Implicancias para el inversor
Para quien tiene bonos CER, letras en pesos o está evaluando ingresar al mercado local, la evolución de la deuda flotante es un indicador de la calidad del ajuste. Un stock bajo y estable reduce el riesgo de que, más adelante, el Gobierno tenga que recurrir a emisión o a una licuación vía inflación para “limpiar” esos atrasos.
“Si la flotante se normaliza sin que se dispare la emisión monetaria, es una señal positiva para la curva de pesos. Pero si la regularización se hace con emisión, el alivio será temporario”, resume un analista de una ALYC local.
En resumen, mayo marcó el paso de una estrategia de “patear todo para adelante” a una de gestión más ordenada de los pagos. No resuelve el problema estructural de las cuentas públicas, pero al menos devuelve algo de previsibilidad al funcionamiento del Estado. Y en la Argentina de los últimos años, eso ya es noticia.