Economía

Diputados aprobó el Súper RIGI: qué cambia y por qué puede atraer miles de millones

Publicado el 25/06/2026 00:40 hs

Sesión en la Cámara de Diputados durante la votación del Súper RIGI
iProfesional — Economía

La Cámara baja dio media sanción al régimen de incentivos para inversiones superiores a u$s 1.000 millones en sectores sin desarrollo previo en el país. Con modificaciones de último momento, el proyecto busca captar capitales extranjeros en Vaca Muerta, litio y energías renovables.

La Cámara de Diputados aprobó con modificaciones de último momento el llamado Súper RIGI, un régimen de incentivos impositivos y aduaneros diseñado para atraer inversiones de escala global que superen los 1.000 millones de dólares en proyectos que aún no tienen desarrollo en la Argentina.

El texto, que ahora pasa al Senado, busca posicionar al país como destino competitivo para megainversiones en sectores estratégicos como hidrocarburos no convencionales, litio, energías renovables, minería crítica y tecnología. Fuentes del sector privado estiman que, de concretarse, podría canalizar entre 15.000 y 30.000 millones de dólares en los próximos cinco años.

Qué es el Súper RIGI y cuáles son sus incentivos centrales

El régimen ofrece estabilidad fiscal por 30 años, exenciones en Ganancias, IVA y derechos de importación, además de un régimen aduanero especial que permite importar bienes de capital sin aranceles durante los primeros años. A cambio, exige compromisos de empleo local, inversión en infraestructura y reinversión de utilidades en el país.

Las modificaciones introducidas en el recinto incluyeron un aumento en los umbrales de inversión mínima para ciertos sectores, mayores exigencias de contenido local y una cláusula de revisión cada cinco años por parte del Congreso. Estos cambios buscaron equilibrar el atractivo para los inversores con las demandas de los bloques opositores dialoguistas.

Desde una perspectiva comparada, el Súper RIGI se inspira en regímenes similares adoptados por Australia en su boom minero de los 2000, por Chile en el litio y por Canadá en sus arenas bituminosas. En todos los casos, la estabilidad regulatoria prolongada fue clave para destrabar capitales de escala.

Bajada local: el impacto esperado en la macro argentina

Para un país que arrastra una década de bajo crecimiento de la inversión privada, el régimen llega en un momento en que la necesidad de dólares genuinos es estructural. Según estimaciones del Peterson Institute, cada 10.000 millones de inversión verde en recursos naturales puede generar entre 2.000 y 3.000 millones de exportaciones anuales una vez que los proyectos maduran.

El texto aprobado también incluye salvaguardas para evitar que el régimen se convierta en un paraíso fiscal sectorial. Las empresas que adhieran deberán someterse a auditorías anuales y perderán los beneficios en caso de incumplimientos graves.

Las grietas del consenso

No faltaron críticas. Sectores del kirchnerismo y de la izquierda advirtieron que se trata de una “entrega de recursos naturales” con escaso retorno fiscal en el corto plazo. Desde el oficialismo respondieron que, sin incentivos de este tipo, los proyectos simplemente no se desarrollan: el capital global tiene opciones más atractivas en Brasil, Chile, Australia o incluso en algunos estados de Estados Unidos.

La experiencia histórica argentina con regímenes de promoción (como el de la ley 23.576 de 1989 o los regímenes petroleros de los 90) muestra que el éxito depende más de la consistencia de las reglas que de la generosidad inicial de los beneficios. Cuando las reglas cambian a mitad de camino, el efecto disuasivo es inmediato.

Qué viene ahora

El proyecto ingresará al Senado con un calendario acotado. Si obtiene media sanción allí antes de fin de año, el Súper RIGI podría comenzar a operar en el primer trimestre de 2026. Los primeros interesados ya manifestaron interés: consorcios para expansión de Vaca Muerta, proyectos de litio en el norte y al menos dos iniciativas de hidrógeno verde en la Patagonia.

Para el lector que evalúa el horizonte de inversión argentino, el mensaje es claro: el régimen no resuelve los problemas macro de corto plazo —inflación, brecha cambiaria, deuda—, pero puede constituir uno de los pocos canales genuinos de ingreso de dólares a mediano plazo si las reglas se mantienen.

En un mundo donde la geoeconomía volvió a condicionar los flujos de capital, Argentina vuelve a apostar a la carta de sus recursos naturales. La diferencia, esta vez, es que lo hace con un régimen que intenta aprender de los errores del pasado y de las mejores prácticas internacionales.

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