Economía

Dólar en julio: las claves que definirán si sigue picante

Publicado el 25/06/2026 16:25 hs

Billetes de dólar estadounidense apilados sobre un gráfico de cotización ascendente
Ámbito Financiero — Finanzas

El dólar oficial mantendrá su tendencia alcista en julio y el resto del año. Presión por aguinaldos, la Copa del Mundo, tasas negativas, inflación y liquidación agro definirán el ritmo.

El dólar oficial mantendrá su tendencia al alza en julio y el resto del año, según coinciden la mayoría de los analistas. La pregunta que vale la pena hacerse no es si subirá, sino a qué ritmo y bajo qué presiones concretas. En un contexto de tasas reales negativas, pago de aguinaldos y estacionalidad agropecuaria, el crawling peg del Banco Central enfrenta desafíos que no son nuevos, pero que se combinan de manera particular este segundo semestre.

La primera variable a monitorear es el efecto del medio aguinaldo. Históricamente, los pagos de junio y julio generan un salto en la demanda de pesos que luego se traduce en mayor presión sobre el tipo de cambio. Este año, con una inflación que acumula más de 50% en lo que va del 2023, el impacto es aún mayor: los trabajadores buscarán proteger sus ingresos y las empresas, cubrir sus posiciones. El BCRA ya lo sabe y suele reforzar su intervención en el MULC durante estas semanas.

Otro factor estacional que suele pasarse por alto es la Copa del Mundo. Aunque parezca anecdótico, los torneos internacionales de fútbol suelen generar un aumento en el gasto en divisas por turismo y consumo de servicios relacionados. En 2022, el Mundial de Qatar dejó una huella visible en la balanza de pagos de varios países de la región. Argentina no es la excepción: más de un millón de personas viajan o consumen contenido internacional, lo que termina presionando la demanda de dólares.

Las tasas de interés reales negativas siguen siendo el combustible principal de la brecha y de la demanda de cobertura. Con una tasa de política monetaria que no compensa la inflación esperada, los ahorristas racionales migran hacia activos dolarizados o bienes reales. El Central responde con licitaciones de deuda en pesos a tasas cada vez más altas, pero el carry trade se vuelve cada vez menos atractivo. Este equilibrio precario es el que explica por qué el dólar “blue” y los financieros se mantienen relativamente calmos, pero con sesgo alcista.

La liquidación de divisas del agro es, como siempre, la contracara. Tras la sequía de 2022/2023, las expectativas para la nueva campaña son mucho más optimistas. Sin embargo, los productores siguen esperando un tipo de cambio más competitivo o un esquema de incentivos similar al “dólar soja”. El Gobierno ya anunció que no repetirá la medida tal como se conoció, pero sí evalúa incentivos sectoriales. Cuánto y cuándo liquiden los exportadores será clave para determinar la oferta de dólares en el segundo semestre.

Desde el punto de vista comparado, Argentina vuelve a transitar un sendero conocido: crawling peg con reservas netas negativas, brecha cambiaria contenida por controles y presión estacional de demanda. Brasil en 2002, Turquía en varios episodios de los últimos quince años y hasta la propia Argentina de 2018 muestran patrones similares. La diferencia radica en la magnitud de la brecha actual y en la credibilidad que logre mantener el equipo económico.

La inflación seguirá siendo el termómetro principal. Si el IPC mensual se mantiene por debajo del 7% como en mayo y junio, el Central ganará margen para moderar la devaluación. Si vuelve a acelerarse, la presión sobre el dólar oficial se volverá más intensa. Los analistas del mercado ya incorporan una devaluación promedio de entre 4% y 6% mensual para el segundo semestre, muy por encima del 3% que el Gobierno promete mantener.

En definitiva, julio no será un mes tranquilo para el dólar. La combinación de factores estacionales, fiscales y de política monetaria sugiere que la cotización oficial seguirá subiendo, aunque el ritmo dependerá en gran medida de cuánto ingrese por el agro y de la evolución de la inflación. Quien haya leído a Reinhart y Rogoff reconocerá la estructura: cuando las tasas reales son profundamente negativas y la demanda de cobertura aumenta, el tipo de cambio termina siendo el principal válvula de escape. La pregunta no es si ocurrirá, sino cuánto tiempo más puede administrarse sin un salto discreto.

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