Dolce & Gabbana y Barbour lideran la nueva ola de marcas internacionales en Argentina
La apertura del primer local de Dolce & Gabbana y el regreso de Barbour se suman a una serie de desembarcos que reflejan el optimismo de las firmas globales por el mercado local tras años de restricciones.
La llegada de Dolce & Gabbana con su primera tienda física en el país y el retorno de Barbour marcan un nuevo capítulo en el desembarco de marcas internacionales en Argentina. Ambas firmas apuestan fuerte en un contexto donde la economía muestra señales de estabilización y el consumo de lujo comienza a reactivarse.
Según datos del sector, durante 2024 y lo que va de 2025 ya se registraron más de una docena de aperturas o regresos de etiquetas globales. El caso de Dolce & Gabbana es especialmente simbólico: la casa italiana eligió la avenida Alvear para instalar su flagship store, un espacio de más de 400 metros cuadrados que combina prêt-à-porter, accesorios y fragancias. La apertura se produjo la semana pasada y generó largas colas de clientes que esperaban la chance de comprar en la marca por primera vez en territorio local.
Por su parte, Barbour —la icónica marca británica de abrigos encerados— vuelve después de casi una década de ausencia. En este caso, el desembarco se hace a través de un acuerdo con un socio local que ya opera otras etiquetas premium. El primer local se ubicará en el barrio de Recoleta y se espera que funcione como punta de lanza para una expansión regional.
¿Por qué ahora?
El timing no es casual. Tras años de cepos cambiarios, cepo importador y alta inflación, el nuevo esquema económico —con tipo de cambio más unificado, eliminación de muchas restricciones y una inflación que, aunque alta, muestra una tendencia a la baja— genera mayor previsibilidad para las casas matrices. Además, el dólar “blue” y el MEP han convergido fuertemente, lo que facilita la remisión de fondos y el cálculo de rentabilidad.
“Las marcas que estuvieron evaluando el mercado durante los últimos dos años ahora ven una ventana de oportunidad”, explica un ejecutivo de una consultora de retail que prefiere no ser nombrado. “No es que Argentina se haya vuelto un mercado fácil, pero dejó de ser uno de los más complicados de la región”.
Otros nombres que ya aterrizaron o están por hacerlo
El listado es extenso. En los últimos meses también abrieron o anunciaron su regreso Rimowa, Valentino, Brunello Cucinelli, Loewe y Moncler. En paralelo, cadenas de fast fashion como Zara y H&M continúan invirtiendo en ampliaciones y reformas de sus locales existentes, aunque su caso es distinto porque ya tenían presencia fuerte.
En el segmento de lujo, el fenómeno se explica por varios factores. Por un lado, la concentración de ingresos altos en CABA y GBA sigue siendo significativa. Por otro, el turista extranjero (especialmente brasileño y europeo) volvió a elegir Buenos Aires como destino de compras. Finalmente, varias marcas buscan completar su mapa latinoamericano: si ya están en Brasil, Chile, México y Colombia, Argentina aparece como el eslabón pendiente.
El desafío argentino sigue presente
Sin embargo, no todo es color de rosa. Los ejecutivos consultados coinciden en que los costos operativos (alquileres en pesos que se indexan, salarios en dólares implícitos, logística complicada) siguen siendo elevados. Además, cualquier cambio de gobierno o reversión de política económica puede alterar el escenario de un día para el otro.
Por eso la mayoría de estas marcas entra con formatos cautelosos: locales propios pero de tamaño mediano, joint-ventures con socios locales fuertes y planes de expansión en etapas. Dolce & Gabbana, por ejemplo, ya adelantó que evalúa una segunda tienda en Punta del Este para la próxima temporada de verano.
Qué significa para el consumidor local
Para el inversor o el profesional argentino con capacidad de consumo, esta ola representa más opciones y, en algunos casos, precios más competitivos que comprar en el exterior. Aunque los productos importados siguen pagando aranceles, el hecho de tener stock local evita el sobreprecio del “dólar compra + envío + aduana” que muchos aplicaban antes.
En el caso de Barbour, el clásico bedale o el quilted jacket que antes solo se conseguían en Miami o Londres ahora estarán disponibles en Recoleta. Lo mismo ocurre con los icónicos estampados de Dolce & Gabbana, que hasta ahora solo llegaban de manera informal o a través de viajes.
Mirada de largo plazo
El fenómeno actual recuerda, en parte, lo ocurrido entre 2003 y 2008, cuando una Argentina en recuperación atrajo a decenas de marcas que luego sufrieron los coletazos de la crisis 2008-2009 y los ciclos posteriores de cepos. La diferencia, según los analistas, es que esta vez las firmas vienen con mayor conocimiento del mercado y estructuras más flexibles.
Queda por ver si esta tendencia se consolida o si se trata de un rebote temporario. Por ahora, los carteles de “próxima apertura” siguen multiplicándose en las vidrieras de las zonas premium porteñas. Y tanto Dolce & Gabbana como Barbour parecen haber llegado para quedarse.