Economía

El agro argentino podría duplicar su producción: qué proponen sus referentes

En el foro AmCham Agribusiness, ejecutivos de Cargill, MBRF y productores locales analizaron los obstáculos y las condiciones necesarias para recuperar escala frente a Brasil. Consistencia macro, reglas estables y mayor productividad aparecen como requisitos centrales.

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Explotación agrícola en el partido de Junín, Argentina.
(Public domain)

El sector agropecuario argentino tiene capacidad técnica y natural para duplicar su producción en la próxima década. Esa fue la conclusión compartida por varios de sus principales referentes durante el foro AmCham Agribusiness realizado este domingo 13 de septiembre de 2026.

Lo que separa esa posibilidad de la realidad actual no son limitaciones de suelo ni de tecnología, sino un conjunto de inconsistencias macroeconómicas, regulatorias e institucionales que han erosionado la escala competitiva del país frente a Brasil. Los panelistas coincidieron en que recuperar terreno requiere un programa de estabilización creíble, reglas fiscales y cambiarias estables y un salto en productividad que vaya más allá de la genética y los insumos.

Desde la perspectiva de Cargill, el primer desafío es la inconsistencia cambiaria. Un tipo de cambio real competitivo y predecible resulta indispensable para que las decisiones de inversión de largo plazo tengan sentido. Cuando el exportador no sabe a qué precio podrá vender su producción ni qué acceso a divisas tendrá, el cálculo de rentabilidad se vuelve imposible. Brasil, con un régimen cambiario más flexible y un Banco Central que ha construido credibilidad, ha logrado atraer volúmenes de inversión que Argentina perdió en los últimos quince años.

El segundo eje mencionado fue la carga fiscal y regulatoria. Retenciones altas y cambiantes, sumadas a un entramado de impuestos provinciales y municipales, reducen el incentivo a producir y a invertir en tecnología. Un referente de MBRF señaló que, para duplicar la producción, el sector necesita un horizonte fiscal de al menos diez años con reglas claras. Sin eso, la expansión de la frontera agrícola y la adopción de sistemas de producción más intensivos se postergan indefinidamente.

La tercera condición es institucional. Argentina cuenta con una de las mejores dotaciones de tierra arable del mundo y con un ecosistema de ciencia y tecnología aplicado al agro que pocos países emergentes pueden igualar. Sin embargo, la inestabilidad de las reglas de juego ha hecho que buena parte de ese conocimiento se traduzca en mayores rendimientos en Brasil, Uruguay o Paraguay. La comparación regional es incómoda: mientras Brasil consolidó su posición como proveedor global de soja, maíz y carne, Argentina perdió participación de mercado en varios rubros clave.

Los panelistas destacaron que la productividad no se limita al aumento de los rindes por hectárea. También implica mejorar la eficiencia logística, reducir los costos de comercialización, modernizar los puertos y contar con un sistema financiero que pueda acompañar las necesidades de capital de trabajo y de inversión de escala. En ese sentido, la dolarización parcial de los contratos y la eliminación progresiva de las restricciones cambiarias fueron mencionadas como pasos que mejorarían la señal de precios y reducirían el riesgo país percibido por los inversores.

Vale separar dos cosas. La primera es la potencialidad técnica: los modelos agronómicos y los avances en biotecnología permiten pensar en un escenario de 200 millones de toneladas de granos y subproductos anuales. La segunda es la viabilidad económica e institucional. Esta última depende de decisiones de política que trascienden al propio sector. Un programa que logre bajar la inflación de manera sostenible, reconstruir reservas y generar confianza en las reglas de juego podría desatar una ola de inversión privada que hoy se encuentra latente.

Lo que podría salir distinto es el timing. Brasil no se detiene. Mientras Argentina discute sus reformas estructurales, el vecino avanza en la integración de su cadena de valor, en la trazabilidad y en el acceso a mercados premium. Cada año que pasa sin resolver los desequilibrios básicos, la brecha de escala se agranda.

El mensaje que salió del foro AmCham fue claro aunque sobrio: el agro argentino puede volver a ser un motor de crecimiento de magnitud, pero para eso necesita lo que históricamente le ha faltado: consistencia macro, previsibilidad institucional y un Estado que acompañe en lugar de obstaculizar. Sin esos pilares, la frase “duplicar la producción” quedará como una posibilidad teórica más en la larga lista de potencialidades no realizadas del país.

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