Economía

El modelo de BCRA que Milei busca y las críticas de dos ex presidentes

El anuncio de reformar la Carta Orgánica del Banco Central generó fuertes repercusiones. Dos ex titulares cuestionaron el rumbo, mientras el Gobierno avanza en su visión de una entidad más independiente y con mandato antiinflacionario estricto.

Publicado el 5 de julio de 2026, 10:55 hs

Edificio del Banco Central de la República Argentina en Buenos Aires
iProfesional — Economía

El presidente Javier Milei confirmó que su gobierno impulsará una reforma de la Carta Orgánica del Banco Central de la República Argentina (BCRA). El objetivo central es blindar la independencia de la autoridad monetaria y fijar como mandato prioritario la estabilidad de precios, en línea con lo que el Presidente ha defendido desde la campaña.

La iniciativa ya generó reacciones encontradas. Dos ex presidentes del BCRA, con trayectorias y visiones muy distintas, expresaron sus reparos en las últimas horas. Sus críticas ponen de manifiesto las tensiones que despierta cualquier intento de modificar las reglas de juego del organismo en un país con 80 años de historia inflacionaria crónica.

¿Qué busca exactamente el modelo Milei?

Según fuentes de la Casa Rosada y del equipo económico, la reforma apunta a tres ejes principales: eliminar la posibilidad de que el BCRA financie al Tesoro de manera directa o indirecta, reforzar la autonomía del directorio frente a presiones políticas y establecer un mandato claro y único de estabilidad de precios, similar al que tienen la mayoría de los bancos centrales de economías avanzadas y varios emergentes.

Este esquema se acerca al que defendió el propio Milei cuando hablaba de “un BCRA que no emita para el fisco” y que, en el límite, podría convivir con un esquema de dolarización o de competencia de monedas. Sin embargo, el Presidente ha moderado sus tiempos: la reforma de la Carta Orgánica sería el primer paso antes de definir el régimen cambiario y monetario de mediano plazo.

Las críticas de los ex presidentes

Alejandro Vanoli, quien presidió el BCRA entre 2015 y 2016, cuestionó la iniciativa en duros términos. Para Vanoli, modificar la Carta Orgánica en este contexto es “un intento de desmantelar las herramientas de política macroprudencial que el Banco Central tiene para enfrentar crisis de liquidez y de crédito”. Según su visión, el énfasis exclusivo en la estabilidad de precios deja de lado el rol contracíclico que la entidad cumplió durante la pandemia y en otras coyunturas de estrés financiero.

Por su parte, Guido Sandleris, titular del BCRA durante la segunda mitad del gobierno de Mauricio Macri (2018-2019), fue más matizado pero igualmente crítico. Sandleris reconoció que “reforzar la independencia es un objetivo deseable”, pero advirtió que “cambiar la Carta Orgánica sin un acuerdo amplio en el Congreso y sin resolver primero el problema fiscal de raíz puede generar más ruido que soluciones”. El ex funcionario, que implementó un esquema de metas de inflación que luego se abandonó, recordó que la credibilidad no se construye solo con leyes: “Requiere consistencia fiscal y un Banco Central que no tenga que elegir entre defender la moneda y evitar una corrida”.

El antecedente de 2012

No es la primera vez que se discute una reforma profunda de la Carta Orgánica. En 2012, durante el segundo gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, se aprobó una modificación que amplió los objetivos del BCRA incorporando “el desarrollo económico con equidad social” y “el empleo”. Esa reforma fue criticada por la ortodoxia por diluir el mandato antiinflacionario y por facilitar la monetización del déficit. El actual intento de Milei puede leerse, en parte, como una reversión de aquel cambio.

Lo que dice la evidencia comparada

La experiencia internacional es clara: los bancos centrales con mayor independencia y mandato focalizado en la inflación tienden a tener mejor performance en el control de precios (Cukierman, 1992; Crowe y Meade, 2007). Sin embargo, la misma literatura advierte que la independencia legal es condición necesaria pero no suficiente. En países con alta deuda pública y fuertes presiones distributivas, como Argentina, la independencia de jure suele ser vulnerada de facto si no hay disciplina fiscal.

Brasil, por ejemplo, logró en 2021 una autonomía formal del Banco Central que hasta ahora ha resistido cambios de gobierno. El caso chileno, con un BCRA independiente desde 1989, es el que más se cita como referencia exitosa en la región. Ambos casos comparten algo que Argentina aún no resolvió: reglas fiscales creíbles y baja probabilidad de default soberano.

Los riesgos y los desafíos

La reforma que impulsa Milei enfrenta dos riesgos principales. El primero es político: conseguir los votos en un Congreso fragmentado para modificar una ley que requiere mayoría especial. El segundo es económico: si la reforma se aprueba pero el déficit fiscal persiste, el BCRA terminará enfrentando la misma disyuntiva de siempre entre financiar al Tesoro o dejar que las tasas de interés y el tipo de cambio hagan el ajuste.

Desde el equipo económico se argumenta que la reforma forma parte de un paquete más amplio que incluye la ley de bases, la reducción del gasto y el saneamiento del balance del BCRA. Recién entonces, sostienen, la nueva Carta Orgánica tendrá piso político y técnico para funcionar.

Un debate que trasciende el corto plazo

Más allá de las críticas puntuales de Vanoli y Sandleris, el anuncio de Milei reabre un debate estructural: qué tipo de Banco Central quiere la Argentina. Un BCRA con múltiples objetivos y alta discrecionalidad o una entidad técnica, independiente y con mandato único de estabilidad de precios. La historia reciente muestra que ninguno de los dos modelos ha logrado resultados duraderos, pero también que los peores desempeños ocurrieron cuando la institución fue sometida a las necesidades de financiamiento del Tesoro.

El desafío para el actual gobierno es demostrar que esta vez las reglas se escriben para ser cumplidas y no para ser modificadas en el próximo ciclo político. La reacción de dos ex presidentes del BCRA, con visiones opuestas, es un buen recordatorio de que el consenso técnico y político será tan importante como el contenido mismo de la reforma.

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