Empleo industrial: se perdieron más de 66 mil puestos en dos años y solo tres provincias petroleras crearon
Un informe privado revela que entre el primer trimestre de 2024 y el mismo período de 2026 la industria argentina destruyó más de 66.000 empleos, casi la mitad de la caída total del país. Solo Chubut, Neuquén y Santa Cruz lograron crear puestos, mientras La Rioja fue la más afectada.
Entre el primer trimestre de 2024 y el primer trimestre de 2026 la industria argentina destruyó más de 66.000 puestos de trabajo formales. Esa cifra representa casi la mitad de la merma laboral total registrada en el país en el mismo período, según un informe privado que releva datos del Ministerio de Trabajo.
La información fue publicada originalmente por Tiempo Argentino el 9 de octubre de 2026. El dato confirma la profundidad del ajuste que atraviesa el sector industrial, uno de los más golpeados por la combinación de recesión interna, alta tasa de interés real y fuerte caída del consumo. Solo tres provincias lograron crear empleo neto en la industria: las tres vinculadas de manera directa a la actividad petrolera y gasífera.
Chubut, Neuquén y Santa Cruz fueron las únicas que cerraron el bienio con saldo positivo. El resto del mapa mostró rojo, con caídas generalizadas que van desde las manufacturas tradicionales hasta ramas más modernas. La Rioja registró la mayor pérdida relativa, seguida por provincias con fuerte componente textil, automotriz y de bienes de consumo durables.
Esta dinámica no sorprende si se la mira en perspectiva comparada. En ciclos previos de ajuste fiscal y monetario fuerte —como el de 2018-2019 o el de 2001-2002— la industria también actuó como variable de ajuste principal. La diferencia actual es la velocidad y la concentración geográfica de la caída.
El informe subraya que la pérdida industrial explica casi la mitad del deterioro del empleo formal agregado. Eso habla de un problema estructural: la industria no solo no tracciona, sino que arrastra al resto de la economía. Sectores como la construcción, el comercio y los servicios a las empresas, que suelen acompañar la actividad fabril, también muestran debilidad.
Desde el punto de vista geopolítico y macroeconómico, el contexto externo no ayuda. La desaceleración de la economía global, la cautela de la Fed para bajar tasas y la menor demanda de commodities por parte de China limitan el espacio para una recuperación rápida de las exportaciones industriales. Argentina sigue siendo tomadora de precios y de ciclo financiero.
La concentración de la creación de empleo en tres provincias petroleras refuerza una tendencia que se viene observando desde hace años: la economía argentina se “petroliza” en sus márgenes de crecimiento. Mientras Vaca Muerta y las cuencas maduras generan divisas y empleo calificado, el resto del tejido industrial se contrae. Es un modelo que genera tensiones distributivas y regionales evidentes.
Para el lector inversor o empresario, el mensaje es claro: los sectores ligados a la energía hidrocarburífera siguen siendo los más resilientes en este ciclo. Las ramas manufactureras orientadas al mercado interno, en cambio, enfrentan un camino más largo y exigente. La recuperación del empleo industrial no parece inminente y dependerá, en buena medida, de cuánto logre estabilizarse el nivel de actividad y de cuánto baje la tasa de interés real.
La Rioja, como provincia más afectada, encarna el caso extremo de una industria poco diversificada y muy dependiente del consumo interno. Su caída relativa duplica en algunos rubros la media nacional. Otras provincias con presencia de textiles, calzado y autopartes también muestran números preocupantes.
Mirado en clave histórica, este tipo de ajustes prolongados en el empleo industrial suele dejar cicatrices: pérdida de capacidades, deserción de mano de obra calificada y cierre definitivo de plantas. La histéresis es alta. Recuperar esos 66 mil puestos no fue solo cuestión de un rebote coyuntural; requerirá una estrategia productiva que hoy parece ausente en el debate público.
El dato del informe privado llega en un momento en que el Gobierno celebra números fiscales y reservas crecientes, pero la calle económica —especialmente en el interior productivo— cuenta otra historia. La brecha entre el “orden macro” y el tejido social productivo se ensancha. Cómo se cierre esa brecha definirá gran parte del escenario de los próximos trimestres.