Economía

Inflación de CABA en mínimo de 9 meses: alquileres, alimentos y salud siguen pesando

El IPC de la Ciudad de Buenos Aires registró en abril su menor variación mensual desde julio de 2024, pero los rubros que más impactan en el gasto de los hogares —alquileres, alimentos y salud— continúan acelerando el costo de vida.

Publicado el 8 de julio de 2026, 12:35 hs

Gráfico de inflación mensual en CABA con íconos de alquiler, supermercado y farmacia
iProfesional — Economía

El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) y la Dirección General de Estadística y Censos de la Ciudad de Buenos Aires confirmaron esta semana que la inflación en CABA durante abril se ubicó en 2,8%, el registro mensual más bajo desde julio del año pasado. Se trata de una desaceleración de casi un punto respecto a marzo y de más de tres puntos frente al pico de diciembre. Sin embargo, detrás de este número hay una realidad que los hogares porteños sienten con fuerza: los rubros de mayor ponderación en el gasto cotidiano siguen empujando los precios al alza.

Vale separar dos cosas. Por un lado, la tendencia general del IPC muestra una clara moderación, consistente con la política monetaria restrictiva del Banco Central y con la estabilización del tipo de cambio. Por el otro, la composición de esa inflación revela que los aumentos más duros se concentran en tres ítems: alquileres (con subas promedio de 5,2% mensual), alimentos y bebidas (3,1%) y salud (4,4%). Estos tres rubros explican más del 55% del aumento del costo de vida para una familia tipo de ingresos medios.

Los alquileres, en particular, siguen siendo el principal dolor de cabeza. Aunque la nueva ley nacional modificó algunos parámetros, los contratos que se renuevan en abril incorporan el Índice de Contratos de Locación (ICL) con un rezago que todavía refleja la alta inflación de fines de 2024. En barrios como Palermo, Caballito y Villa Urquiza, los aumentos interanuales superan el 45%. Para una familia que destina 35% de su ingreso al alquiler, esto equivale a un ajuste real de más de 10 puntos porcentuales por encima de la inflación general.

En alimentos, la suba no es homogénea. Carnes y lácteos mostraron incrementos moderados, pero frutas y verduras —afectadas por clima y costos logísticos— subieron por encima del 6%. El pan, la harina y los aceites también registraron ajustes por encima del promedio. El dato relevante acá es que estos bienes conforman la canasta básica de los deciles más bajos, lo que genera un efecto regresivo claro: la inflación que sienten los hogares de menores ingresos está unos 0,7 puntos por encima de la que registra el IPC general.

Salud, por su parte, acumula una aceleración preocupante. Los aumentos en prepagas (autorizados por el Gobierno nacional en torno al 4% mensual) y en medicamentos (con subas de hasta 7% en algunos genéricos) explican la mayor parte del salto. Un jubilado con cobertura de medicina prepaga vio cómo su gasto en salud creció 52% interanual, muy por encima del 38% que acumula el IPC porteño en los últimos doce meses.

Lo que podría salir distinto es el comportamiento de los servicios regulados. Tarifas de luz y gas mostraron subas contenidas en abril gracias a la postergación de algunos ajustes de invierno. Sin embargo, el cronograma oficial prevé incrementos escalonados entre junio y agosto que podrían revertir parte de la moderación actual. Lo mismo ocurre con el transporte público, donde el boleto de colectivo y subte acumula un rezago tarifario que tarde o temprano se trasladará a precios.

Desde el punto de vista macro, la desaceleración de la inflación mensual es una buena noticia con asterisco. El dato de CABA suele anticipar la tendencia nacional que publicará el INDEC en las próximas semanas. Si se confirma una inflación nacional por debajo del 3% en abril, el Gobierno podrá argumentar que el programa de estabilización está dando resultados. Pero la pregunta que queda flotando es a qué costo: la actividad económica sigue deprimida, el consumo masivo cayó 8,5% interanual según datos de supermercados y el salario real todavía no recupera el terreno perdido entre 2023 y 2024.

Una mirada más larga muestra que Argentina lleva casi dos años de inflación mensual por encima del 2%. Romper ese piso de manera consistente requerirá no solo política monetaria, sino también una corrección fiscal estructural y una mayor credibilidad en las reglas de juego. Mientras tanto, los hogares porteños seguirán haciendo malabares entre alquileres que suben más que los salarios, la canasta alimentaria que no afloja y gastos de salud que se comen una porción cada vez mayor del presupuesto familiar.

El desafío para los próximos meses no es solo seguir bajando el IPC general, sino lograr que esa baja se sienta en los rubros que realmente determinan el poder adquisitivo de la mayoría de los ciudadanos.

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