La Fed mantiene tasas en el debut de Kevin Warsh y crece la división interna sobre una suba en 2026
El banco central estadounidense dejó sin cambios su tasa de referencia en el rango de 4,25%-4,50%. Las nuevas proyecciones económicas muestran una inflación más pegajosa y un mercado laboral resiliente, mientras que el propio Warsh evitó dar pistas sobre el futuro.
La Reserva Federal de Estados Unidos decidió mantener sin cambios su tasa de interés de referencia en el rango de 4,25% a 4,50% en la reunión de esta semana, la primera que preside Kevin Warsh. La decisión era ampliamente esperada por el mercado, pero lo que sí sorprendió fue el tono de las nuevas proyecciones del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) y el debut del nuevo presidente.
Las estimaciones medianas del dot plot mostraron una inflación núcleo (PCE) que se mantendría por encima del 2% hasta fines de 2026, con un crecimiento del PIB ligeramente más fuerte y una tasa de desempleo que se mantiene en niveles históricamente bajos. El mercado interpretó que esto implica una menor probabilidad de recortes en 2025 y abrió la puerta a una posible suba de tasas en 2026, algo que generó una clara división dentro del propio FOMC.
En su primer discurso como presidente, Warsh fue deliberadamente ambiguo. “No voy a guiar al mercado con proyecciones numéricas ni con un sendero prefijado”, dijo. Enfatizó que la política monetaria debe responder a los datos y no a calendarios, y evitó cualquier mención concreta sobre el próximo movimiento. Esa actitud contrasta con el estilo más comunicativo de su antecesor y genera incertidumbre sobre cómo manejará las tensiones internas.
La división dentro del FOMC es cada vez más visible. Mientras algunos miembros siguen viendo un camino de recortes graduales si la inflación sigue convergiendo, otros —incluyendo a Warsh en sus intervenciones previas como gobernador— han señalado que el riesgo de una inflación más persistente justifica mantener o incluso subir las tasas si los datos no cooperan. El mercado de futuros ahora asigna solo un 35% de probabilidades a un recorte antes de junio de 2025 y ya empieza a precio una suba de 25 puntos básicos en algún momento de 2026.
Desde la perspectiva argentina, esta dinámica es relevante por dos canales. Primero, un dólar más fuerte y tasas altas por más tiempo en Estados Unidos complican el escenario de financiamiento externo y presionan sobre los flujos de capital hacia emergentes. Segundo, una Fed más hawkish reduce el espacio para que el BCRA baje tasas agresivamente sin que el diferencial de tasas se vuelva insostenible.
El dato más preocupante del Summary of Economic Projections fue la revisión al alza de la inflación núcleo esperada para 2025 y 2026. Ya no se espera que el PCE núcleo baje del 2,5% el año próximo. Eso es consistente con la evidencia reciente de servicios y salarios que siguen mostrando rigidez. El empleo, en cambio, se muestra más resiliente de lo que muchos esperaban tras los recortes de tasas de 2024.
Warsh llega al cargo con una reputación de halcón en materia inflacionaria. Durante su paso previo por la Fed había sido crítico de las políticas ultraexpansivas de la era Bernanke-Yellen. Su negativa a dar forward guidance explícita puede ser una estrategia para recuperar margen de maniobra, pero también aumenta la volatilidad de corto plazo en los mercados.
Lo cierto es que, por ahora, la Fed optó por la prudencia: sin recortes, sin subas y sin señales claras. El mensaje implícito es que la inflación sigue siendo el enemigo número uno y que no hay apuro por relajar la política. Para los inversores globales esto implica seguir navegando con una tasa neutral más alta de lo que se pensaba hace seis meses.
El próximo test será el dato de inflación de diciembre y el comportamiento del mercado laboral en enero. Hasta entonces, Warsh tendrá tiempo para moldear su estilo y definir si su Fed será más data-dependent de lo que ya era o si volverá a un enfoque más doctrinario.
En síntesis, la reunión dejó más preguntas que respuestas. La división interna es real y el mercado ya empezó a precioar un escenario de tasas más altas por más tiempo. Para Argentina, esto significa que el viento de cola global que algunos esperaban para 2025 podría ser menos generoso de lo anticipado.