Línea 28 de colectivos: tras la crisis, cambia de dueño y deberá garantizar 24 horas de servicio
La histórica empresa de transporte que une Constitución con el sur del conurbano bonaerense pasó de manos. El nuevo operador deberá mantener seis ramales y servicio las 24 horas, en medio de la fuerte crisis que afectó al sector.
La línea 28 de colectivos, una de las más emblemáticas del Área Metropolitana, cambió de manos tras atravesar una fuerte crisis financiera y operativa que puso en jaque su continuidad. El traspaso se concretó en las últimas semanas y el nuevo operador asume el compromiso de mantener seis ramales activos y prestar servicio las 24 horas, una exigencia clave del pliego licitatorio que el anterior concesionario no pudo sostener.
Según datos del sector, la empresa venía acumulando pérdidas significativas por el aumento de costos operativos —combustible, salarios y mantenimiento— que no fueron compensados del todo por los subsidios del Estado nacional y provincial. La pandemia primero y la inflación posterior terminaron de complicar el panorama: varios ramales redujeron frecuencias y hubo suspensiones temporarias que generaron quejas de los usuarios habituales que viajan entre Constitución y zonas como Lanús, Avellaneda, Quilmes y Berazategui.
El nuevo dueño, cuya identidad aún no fue oficialmente comunicada por la Secretaría de Transporte, se hace cargo de una flota que requiere inversión inmediata en renovación de unidades. Fuentes del mercado estiman que se necesitarán al menos 40 colectivos nuevos o reacondicionados para cumplir con los estándares de frecuencia y cobertura que exige el contrato.
¿Qué implica el cambio para los usuarios?
Para los miles de pasajeros que usan diariamente la 28, el principal alivio es la garantía de que el servicio no se interrumpirá. El pliego obliga al nuevo operador a mantener los seis ramales vigentes: los que llegan hasta Berazategui por la ruta 2, los que cubren Lanús y Avellaneda, y los que operan de noche con menor demanda pero que son clave para trabajadores de turnos rotativos.
Sin embargo, el desafío no es menor. El transporte público de pasajeros en el AMBA sigue siendo un negocio de márgenes muy ajustados. Aunque el Gobierno mantiene el esquema de subsidios, el pago suele llegar con demoras y los aumentos tarifarios no siempre siguen el ritmo de la inflación. En los últimos 18 meses, el boleto subió un 180% en promedio, pero los costos de operación lo hicieron en más del 220% según estimaciones de la Cámara del Transporte.
El contexto sectorial
Esta operación no es aislada. En los últimos dos años, al menos cuatro líneas importantes del conurbano cambiaron de manos o fueron intervenidas temporalmente. El caso más resonante fue el de la ex línea 59, que terminó en convocatoria de acreedores. Analistas del sector sostienen que la crisis es estructural: el modelo de subsidios cruzados (donde las líneas más rentables financian a las deficitarias) se rompió hace tiempo y el Estado no logra compensarlo de manera predecible.
Desde la perspectiva del inversor o del empresario que evalúa entrar al sector, el riesgo regulatorio sigue siendo el principal obstáculo. Un cambio de gobierno o una modificación en la política de tarifas puede alterar la ecuación económica de un día para el otro. Por eso muchos grupos optan por diversificar: combinan transporte con logística o servicios urbanos.
Qué esperar en los próximos meses
El nuevo operador de la línea 28 tiene 90 días para presentar un plan de regularización que incluya renovación de flota, incorporación de tecnología de pago electrónico y mejora en la seguridad. Los usuarios, mientras tanto, esperan que el traspaso se traduzca en mayor puntualidad y menos unidades fuera de servicio.
En un país donde el transporte público sigue siendo el principal medio de movilidad para la clase media y baja, cada cambio de concesionario genera expectativa y desconfianza a la vez. La línea 28 no es solo un negocio: es parte de la rutina diaria de decenas de miles de personas. Que logre estabilizarse dependerá tanto de la capacidad de gestión del nuevo dueño como de la consistencia de las políticas públicas que regulan el sector.
El desafío está planteado: cumplir con las 24 horas y los seis ramales sin volver a caer en la misma crisis que obligó al cambio de manos. Los próximos trimestres serán decisivos para ver si esta vez la historia termina distinto.