Economía

Lustramax y los despidos pagados con papel higiénico: un caso que revela más de lo que parece

La empresa de artículos de limpieza activó cesantías y ofreció indemnizaciones en especie. Un episodio que expone la tensión entre liquidez, inflación y relaciones laborales en la Argentina actual.

Publicado el 3 de julio de 2026, 23:10 hs

Trabajadores en protesta frente a la planta de Lustramax con carteles de reclamo
iProfesional — Economía

Lustramax, una empresa mediana dedicada a la fabricación y distribución de artículos de limpieza e higiene, volvió a generar ruido en el mercado laboral argentino. A principios de 2025 activó una primera ronda de cesantías y, en las últimas semanas, concretó un segundo ajuste de personal. Lo que convirtió el caso en noticia fue la propuesta del propietario: pagar parte de las indemnizaciones con stock de producto, principalmente papel higiénico y rollos de cocina.

Según fuentes cercanas al conflicto, la compañía enfrenta una combinación clásica en la economía local: costos crecientes en dólares, ventas estancadas en términos reales y una posición de caja que no permite afrontar los pagos indemnizatorios en efectivo sin comprometer la continuidad operativa. El propietario, en diálogo con medios locales, justificó la medida argumentando que “el valor de mercado del stock excede con creces lo que corresponde por ley” y que se trata de una solución “creativa” ante la falta de liquidez.

El dato que no sorprende (pero que duele)

El episodio ocurre en un contexto donde la inflación acumulada de los últimos 24 meses superó el 180% y donde el poder adquisitivo de los salarios y de las indemnizaciones se licúa con velocidad. Según datos del INDEC, el IPC de artículos para el hogar y limpieza subió por encima del nivel general en los últimos tres años. Ofrecer producto en lugar de dinero en un sector donde precisamente se produce ese bien suena, a primera vista, como una forma de transferir el problema al trabajador.

Desde el punto de vista legal, la propuesta es por lo menos discutible. La Ley de Contrato de Trabajo establece que las indemnizaciones deben pagarse en dinero. La jurisprudencia de la Justicia laboral suele rechazar la compensación en especie salvo acuerdo expreso y de común acuerdo entre las partes. En este caso, los delegados gremiales rechazaron de plano la oferta y el conflicto ya escaló a instancias judiciales.

Una señal más amplia

Más allá del caso puntual, el episodio de Lustramax ilustra tres tensiones que atraviesan a buena parte del tejido productivo argentino:

Primero, la dificultad de las PyMEs para acceder a financiamiento formal a tasas razonables. Con una tasa de política monetaria que, aunque bajó, sigue siendo elevada en términos reales para muchas actividades, el crédito productivo sigue siendo escaso. Segundo, la rigidez de las normas laborales en un contexto de alta inflación y volatilidad cambiaria. Tercero, la pérdida de valor del peso que lleva a que, en algunos casos extremos, hasta el propio producto termine siendo visto como “moneda” más confiable.

No es la primera vez que se registra una indemnización pagada “en especie”. Durante la crisis de 2001-2002 hubo casos documentados de empresas que compensaron con mercadería o incluso con bonos propios. La diferencia es que en 2025 el contexto macro es distinto: no hay corralito bancario, pero sí una inflación que sigue siendo de dos dígitos anuales y una demanda interna que no termina de recuperarse de manera sostenida.

Qué dice el propietario

En una entrevista breve, el dueño de Lustramax sostuvo que “no estamos en condiciones de afrontar pagos millonarios en efectivo sin afectar la operación y los puestos que todavía se mantienen”. Agregó que el stock ofrecido tiene “valor de plaza” y que los trabajadores podrían venderlo si no lo quieren usar. La respuesta sindical fue inmediata: “Es una falta de respeto. No aceptamos que nos paguen con papel higiénico lo que nos corresponde por ley”.

Desde el punto de vista económico, el caso pone sobre la mesa un debate más profundo. Cuando la moneda nacional pierde capacidad de reserva de valor de manera persistente, los agentes económicos —sean empresas o trabajadores— buscan alternativas. En este caso, el producto mismo se convirtió en esa alternativa. Es un síntoma, no la causa.

El riesgo de la escalada

El conflicto sigue abierto. Los trabajadores despedidos iniciaron acciones judiciales y piden la reinstalación o el pago completo en efectivo más los intereses correspondientes. La empresa, por su parte, mantiene la oferta y advierte que un fallo adverso podría complicar aún más su situación financiera y derivar en más ajustes.

Desde una mirada macro, episodios como este refuerzan la idea de que la estabilidad de precios no es solo un tema de bienestar general: es también una condición para que las relaciones contractuales —laborales, comerciales, financieras— funcionen con reglas claras y predecibles. Cuando la inflación distorsiona todo, hasta el pago de una indemnización se vuelve un campo de batalla creativo y, a la vez, doloroso.

Antes de sacar conclusiones apresuradas, vale separar dos cosas: la situación particular de Lustramax, que puede responder a problemas de gestión o de mercado específico, y el contexto macro que hace que estas soluciones “creativas” aparezcan con más frecuencia de la deseable. Mientras no se resuelva el segundo, es probable que sigamos viendo más casos donde el peso deja de ser la unidad de cuenta preferida, incluso para pagar lo que se debe por ley.

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