Pamela David y su marca de vinos: el negocio que crece lejos de la TV
La ex conductora de televisión encontró en la industria vitivinícola un atractivo negocio con su propia marca. Lejos de los flashes, apuesta a expandir su emprendimiento en un mercado cada vez más competitivo.
La figura de Pamela David ha transitado un camino que pocos imaginaban hace una década. Lejos de los sets de televisión donde construyó su fama, la ex conductora encontró en la industria vitivinícola un negocio propio que, según fuentes cercanas, ya genera ingresos crecientes y busca escalar en un mercado dominado por jugadores históricos.
El emprendimiento se materializó en una marca de vinos que combina la imagen personal de David con la producción de un bodega mendocina de mediano porte. Si bien no se revelan cifras oficiales de facturación, el modelo sigue la lógica que varios famosos argentinos han probado con éxito: capitalizar el reconocimiento público para posicionar un producto premium en el segmento de consumo aspiracional.
Desde la perspectiva de la economía de las celebridades, este tipo de diversificación no es novedosa. En Argentina, figuras del espectáculo y el deporte han incursionado en el vino con resultados dispares: algunos logran sostenibilidad, otros quedan como meras etiquetas de marketing. El caso de David parece inclinarse hacia el primer grupo, según indican operadores del sector que prefieren mantener el anonimato.
La estrategia pasa por diferenciarse en un mercado saturado. Mientras las grandes exportadoras argentinas pelean por cuota en China y Estados Unidos, las marcas más chicas —como la de la conductora— se enfocan en el canal de ventas directo al consumidor, e-commerce y regalos corporativos. El precio promedio de sus botellas se ubica en el rango medio-alto, compitiendo con etiquetas que transmiten lifestyle más que solo contenido alcohólico.
Desde una mirada comparada, el fenómeno replica lo ocurrido en otras latitudes. En Estados Unidos, celebridades como Drew Barrymore o Jon Bon Jovi han convertido sus líneas de vino en negocios rentables que superan con creces sus carreras originales de entretenimiento. En España, el caso de Piqué con su marca de vino rosado mostró cómo la narrativa personal puede vender mejor que un terroir específico.
En Argentina, el vino representa alrededor del 1,5% del PBI industrial y genera divisas por exportaciones que, en 2024, rondaron los 900 millones de dólares según datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura. En ese contexto, las marcas “de famoso” ocupan un nicho pequeño pero de alto margen: el consumidor paga un premium por la historia asociada a la botella.
Pamela David no es la primera ni será la última. Lo interesante del caso es cómo ilustra un cambio generacional en la forma en que las figuras públicas monetizan su imagen. Ya no se trata solo de publicidad tradicional; se trata de construir activos propios con potencial de escalabilidad. Su marca busca ahora sumar variedades, explorar exportaciones a países limítrofes y, eventualmente, abrir una línea de experiencias turísticas en Mendoza.
Desde Washington o Madrid, donde se mira con atención el consumo de lujo en economías emergentes, este tipo de emprendimientos se lee como una señal de madurez del sector: incluso en un país con recurrentes sobresaltos macroeconómicos, el vino sigue siendo refugio de valor y vehículo de storytelling.
El futuro del proyecto dependerá, claro, de la consistencia del producto y de la capacidad de separar la imagen de la conductora de las vicisitudes de la farándula. Por ahora, el negocio crece en silencio, lejos de los ratings y cerca de las mesas donde se descorcha una botella con historia.