SanCor: los cinco grupos que pelean por los activos de la histórica cooperativa láctea
Cinco jugadores de peso, locales y extranjeros, se perfilan como principales interesados en la quiebra de SanCor. Quiénes son, qué activos buscan y qué implica para el sector lácteo argentino.
La quiebra de SanCor, la centenaria cooperativa láctea que alguna vez fue sinónimo de la industria argentina, abrió una carrera por sus activos que involucra a cinco grupos de primera línea, tanto locales como extranjeros. Según fuentes cercanas al proceso judicial, estos jugadores ya presentaron manifestaciones de interés formales o están en etapas avanzadas de due diligence.
El caso no es menor: SanCor arrastra deudas por más de 20.000 millones de pesos y mantiene plantas en varias provincias, una marca con reconocimiento nacional y una red de distribución que todavía llega a buena parte del país. El juez comercial a cargo del expediente deberá definir en las próximas semanas cómo se estructura la venta, si por partes o como unidad productiva.
Los principales interesados
En primer lugar aparece Grupo Arcor, el gigante cordobés de los alimentos. Arcor ya tiene una fuerte presencia en lácteos a través de sus marcas propias y de la reciente adquisición de La Serenísima. Fuentes del sector indican que su interés se centra en las plantas de procesamiento y en la marca SanCor para complementar su portafolio. Una eventual compra le permitiría consolidar aún más su dominio en el mercado de alimentos procesados.
Otro jugador local de peso es Mastellone Hermanos, dueño de La Serenísima. Aunque ya controla una porción importante del mercado lácteo, podría estar interesada en activos específicos como la red de distribución o ciertas líneas de productos. Sin embargo, analistas advierten que una concentración excesiva podría levantar alertas en la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia.
Desde el sector cooperativo aparece Sancor Seguros (sin relación societaria directa con la láctea pero con vínculo histórico de marca) y otros grupos cooperativos lácteos más chicos que podrían armar consorcios para quedarse con partes de la operación. Su principal ventaja es el conocimiento del negocio y la menor resistencia sindical.
En el plano internacional, dos grupos extranjeros mostraron interés concreto. Uno es Lactalis, el gigante francés que ya opera en Argentina a través de varias marcas. Lactalis tiene experiencia en reestructuraciones de lácteos en América Latina y podría buscar escalar su presencia regional. El otro es un fondo de inversión con base en Estados Unidos especializado en distressed assets, que vería en SanCor una oportunidad de comprar barato, reestructurar y vender con ganancia en el mediano plazo.
Qué está en juego
Más allá de los nombres, el futuro de SanCor pone sobre la mesa dos debates estructurales del sector lácteo argentino. El primero es la concentración: el mercado ya está dominado por un puñado de jugadores y cualquier operación importante puede modificar el mapa competitivo. El segundo es la viabilidad de las cooperativas en un contexto de alta inflación, tipo de cambio volátil y costos crecientes.
Desde el punto de vista macro, la salida de SanCor como jugador independiente reduciría aún más la participación de las cooperativas en la producción láctea nacional, que ya cayó de más del 30% en los 90 a menos del 15% actual. Para los productores tamberos, el cambio de manos puede significar continuidad o el cierre definitivo de tambos que históricamente entregaban leche a la cooperativa.
Lecciones de otros casos
La experiencia regional ofrece algunos precedentes. En Brasil, la quiebra de grandes lácteas en la década de 2010 terminó en una mayor concentración en manos de multinacionales como Lactalis y Danone. En Uruguay, en cambio, el Estado intervino para preservar parte de la estructura cooperativa. En Argentina, el caso más parecido fue La Serenísima en los 90, que pasó de cooperativa a empresa familiar y luego a multinacional.
Lo que suceda con SanCor no definirá solo el destino de una marca. Definirá parte del mapa lácteo argentino para la próxima década: cuántos jugadores quedarán, qué rol tendrán las cooperativas y hasta qué punto el sector seguirá siendo atractivo para la inversión extranjera directa.
Por ahora, el reloj judicial corre. Los cinco grupos siguen en carrera, pero solo algunos llegarán a la instancia de oferta vinculante. El resto quedará como testigo de otra transformación silenciosa de la industria alimentaria nacional.