Segundo semestre: bolsillo más ajustado, dólar en la mira y morosidad récord
Julio arranca con mayor presión sobre el gasto de las familias, un dólar oficial bajo control y casi 7 millones de argentinos excluidos del crédito por morosidad récord. Un panorama que combina inflación persistente y cautela cambiaria.
El segundo semestre de 2025 comenzó con señales claras de que el ajuste no ha terminado para los hogares argentinos. Según datos del Banco Central y consultoras privadas, julio arranca con una mayor presión sobre los gastos corrientes, un dólar oficial que se mantiene bajo control y niveles de morosidad que ya dejan a casi 7 millones de personas fuera del sistema crediticio.
La combinación de inflación que, aunque desacelerada, sigue erosionando el poder adquisitivo, sumada a la cautela de los bancos ante el riesgo crediticio, configura un escenario donde el consumo se contrae y las familias priorizan el pago de servicios y deudas. El dólar, por su parte, se mantiene en el centro de atención: el oficial bajo control contrasta con la expectativa de devaluación que reaparece cada vez que se acerca algún vencimiento de deuda o se acelera la salida de divisas.
Morosidad en niveles récord
Los últimos reportes del BCRA muestran que la morosidad en el sistema financiero alcanzó su pico más alto en los últimos cinco años. Casi 7 millones de argentinos figuran como deudores morosos, lo que representa un aumento de casi 15% respecto al cierre de 2024. Esto no solo limita el acceso al crédito de consumo y tarjetas, sino que también reduce la capacidad de las familias para financiar gastos imprevistos o inversiones menores.
Desde el lado de las entidades financieras, el endurecimiento de las condiciones de crédito es evidente: tasas más altas, requisitos de ingresos más estrictos y límites de financiamiento más bajos. El resultado es un círculo vicioso donde menos crédito genera menos consumo, que a su vez afecta la recaudación y la dinámica económica general.
El dólar, siempre en la mira
Mientras el tipo de cambio oficial se mantiene relativamente estable gracias a la intervención del BCRA y a la liquidación estacional del agro, la brecha con los dólares libres (MEP y CCL) vuelve a generar ruido. Analistas estiman que la brecha se mantiene en torno al 35-40%, un nivel que, si bien no es el más alto de la serie reciente, sí genera incentivos a la dolarización de carteras y a la postergación de decisiones de inversión en pesos.
La pregunta que recorre el mercado es si el crawling peg actual es sostenible más allá de septiembre. Con reservas netas todavía en zona de alerta y un calendario de pagos de deuda que se complica hacia fin de año, el segundo semestre llega con el dólar como variable clave a observar.
Presión sobre el gasto de los hogares
Los datos de consumo muestran una contracción real del 4,5% interanual en los primeros días de julio, según estimaciones de consultoras. Los rubros más afectados son indumentaria, electrodomésticos y esparcimiento, mientras que los gastos fijos (alquileres, servicios y comida) siguen absorbiendo una porción cada vez mayor del ingreso disponible.
Este ajuste del bolsillo no es solo coyuntural. Refleja la dificultad de recomponer el salario real luego de dos años de alta inflación acumulada. Aunque la desaceleración inflacionaria es real, los precios relativos siguen distorsionados y el poder de compra de los salarios sigue por debajo de los niveles de 2023.
Qué esperar en los próximos meses
El escenario base de la mayoría de los analistas contempla una inflación mensual que oscilaría entre 2% y 3% durante el tercer trimestre, siempre que el BCRA logre mantener el ancla cambiaria y el Tesoro consiga financiamiento sin recurrir excesivamente a emisión. Sin embargo, cualquier shock externo o pérdida de confianza podría acelerar la salida de depósitos y presionar el tipo de cambio.
Vale separar dos cosas: la estabilización macro que se observa en algunos indicadores no se traduce todavía en una mejora sensible del bienestar de los hogares. El segundo semestre arranca con la misma ecuación que cerró el primero: hay que bajar la inflación sin romper el nivel de actividad, y hay que recomponer reservas sin generar una devaluación disruptiva.
El desafío para el Gobierno y para el BCRA es lograr que esta estabilización no sea solo un dato estadístico, sino que se sienta en el bolsillo de las familias. Hasta ahora, el ajuste se hizo principalmente vía salarios y consumo. La pregunta es cuánto tiempo más puede sostenerse ese esquema sin que el costo social termine afectando la viabilidad política del programa.
Antes de sacar conclusiones definitivas, conviene mirar los datos de agosto y septiembre. Si la morosidad sigue subiendo y el consumo sigue contrayéndose, será difícil hablar de una recuperación genuina más allá de los números de la macro.