Transporte de cargas por rutas: costos en alza y demanda en caída
Los costos del sector crecieron 22,2% en el primer semestre, impulsados por un 34% de suba en el gasoil, mientras la menor actividad económica reduce la demanda. La falta de inversión en vialidad agrava los sobrecostos.
El transporte de cargas por rutas, columna vertebral del comercio interno argentino, enfrenta una presión combinada que pocos analistas anticipaban con esta intensidad. Según datos del Observatorio de la Federación Argentina de Entidades Empresarias del Transporte de Cargas (FAETyC), los costos operativos del sector aumentaron 22,2% en el primer semestre del año. El principal impulsor fue el combustible, que registró un alza del 34% en el mismo período, superando con creces la evolución general de los precios.
Esta brecha no es un detalle técnico. El gasoil representa entre el 35% y el 45% de los costos totales de un camión de larga distancia, según el tipo de operación y la distancia promedio. Cuando el combustible sube casi 12 puntos por encima del resto de los costos, el margen de maniobra se evapora rápidamente. Las empresas pequeñas y medianas, que dominan el sector, están absorbiendo parte del golpe o trasladándolo de manera parcial a las tarifas, lo que genera tensiones con clientes ya golpeados por la recesión.
En paralelo, la demanda se contrajo de manera notoria. La industria manufacturera y el comercio minorista, principales demandantes de transporte terrestre, registraron caídas interanuales de entre 8% y 15% en volúmenes transportados durante los primeros seis meses, según estimaciones cruzadas de la Cámara de Transporte Automotor de Cargas y datos del INDEC sobre actividad sectorial. Menos producción significa menos camiones en la ruta. Y menos camiones en la ruta, con costos fijos elevados, implica menor rentabilidad o directamente pérdidas operativas.
A esto se suma un factor estructural que suele pasar inadvertido en el debate cotidiano: la falta de inversión en mantenimiento vial. Los sobrecostos por mal estado de las rutas —desde mayor consumo de combustible hasta reparaciones más frecuentes de neumáticos y suspensiones— agregan entre 8% y 12% adicional a los costos operativos, según un estudio reciente de la Universidad Nacional de San Martín. En un contexto donde el gasto público está bajo la lupa, la inversión en vialidad sigue siendo una de las primeras partidas en ser ajustadas.
Quien mire esto con perspectiva comparada encontrará ecos de ciclos anteriores. Durante la salida de la convertibilidad y también en la poscrisis de 2009, el transporte de cargas fue uno de los sectores que más tardó en recuperarse. La razón es simple: es un servicio derivado. Su performance depende casi linealmente de la actividad del resto de la economía. Cuando la industria y el agro no mueven volúmenes, los camiones quedan estacionados.
El Gobierno, por su parte, ha señalado que la baja de la inflación y la eventual reactivación de la economía en la segunda mitad del año deberían aliviar la presión. Sin embargo, los empresarios del sector son más cautos. “Estamos operando con márgenes muy ajustados y con una capacidad ociosa que en algunas rutas supera el 30%”, resumió un directivo de una mediana empresa de transporte con base en Córdoba, que pidió no ser identificado.
La combinación de costos crecientes, demanda débil y infraestructura deficiente configura un escenario que difícilmente se resuelva en el corto plazo. Algunas empresas han comenzado a racionalizar flotas, postergar renovaciones y concentrarse en corredores más rentables. Otras exploran la multimodalidad —combinar camión con tren o barcaza— aunque la infraestructura ferroviaria y portuaria sigue siendo un cuello de botella estructural.
En términos macro, el transporte de cargas no es solo un costo logístico. Representa alrededor del 4,5% del PIB argentino y emplea, de manera directa e indirecta, a más de 800.000 personas. Su salud es un indicador adelantado de la actividad real. Cuando los camiones circulan menos, la economía está enviando una señal clara.
La pregunta que vale la pena hacerse es si esta presión actual es solo el costo transitorio de un ajuste macro necesario o si estamos ante una erosión estructural del sector que luego será muy costosa de revertir. La historia argentina sugiere que, una vez que se pierden capacidades logísticas, recuperarlas lleva años. Mientras tanto, el gasoil sigue subiendo, las rutas se deterioran y la demanda no repunta. El transporte de cargas, una vez más, paga la cuenta de una economía que no termina de encontrar su equilibrio.