Vaca Muerta llega a los colectivos: MetroEnergía busca abrir un negocio millonario en transporte público
La empresa controlada por la mayor distribuidora de gas de Argentina apuesta por convertir al transporte público en un nuevo mercado para el gas de Vaca Muerta, con potencial de ingresos millonarios.
La iniciativa de MetroEnergía, empresa controlada por Naturgy (antes Gas Natural Fenosa), busca llevar el gas de Vaca Muerta directamente al transporte público urbano. Se trata de una apuesta por convertir a los colectivos en un nuevo gran consumidor del hidrocarburo no convencional, en un contexto donde el sector energético argentino busca diversificar sus mercados internos ante la creciente producción neuquina.
Según fuentes del sector, la jugada podría representar un negocio millonario en los próximos años. El transporte público de pasajeros consume hoy grandes volúmenes de gasoil, un combustible importado en buena parte. Reemplazarlo por GNC o gas comprimido producido en Vaca Muerta permitiría reducir la salida de divisas y, al mismo tiempo, generar un nuevo canal de demanda estable para el gas local.
MetroEnergía ya viene operando en el segmento de GNC para vehículos livianos y medianos. Ahora da un paso más ambicioso: apunta a las flotas de colectivos de las principales ciudades del país, empezando por el Área Metropolitana de Buenos Aires. La idea es instalar puntos de carga de gas comprimido (GNC o GNL) adaptados a la escala y frecuencia de las líneas de colectivos, un desafío técnico y logístico que requiere inversión significativa.
Desde el punto de vista macro, el movimiento encaja en la estrategia más amplia de aprovechar la ventana de Vaca Muerta. Argentina pasó de ser un importador neto de gas a tener excedentes estacionales. Convertir el transporte en un “ancla” de demanda interna es una forma de estabilizar ingresos y reducir la dependencia de las exportaciones, que enfrentan su propia volatilidad de precios y logística.
El precedente más cercano es lo ocurrido en el segmento de taxis y remises durante las décadas pasadas: la conversión masiva a GNC fue posible gracias a incentivos fiscales y a una red de estaciones que creció rápidamente. En colectivos, la escala es mayor y los requerimientos técnicos más exigentes, pero el potencial de volumen también lo es. Un solo colectivo urbano puede consumir el equivalente a decenas de autos particulares por día.
Sin embargo, no todo es color de rosa. La transición requiere modificaciones en los motores, adaptación de los vehículos y una red de suministro que todavía no existe a escala. Además, el precio relativo entre gasoil y gas será clave: si el gas mantiene una ventaja competitiva clara, la adopción será más rápida. Ahí entran en juego las regulaciones tarifarias y los subsidios cruzados que todavía dominan el mercado energético argentino.
Mirado en perspectiva comparada, varios países de la región y de Asia han impulsado el uso de gas natural en transporte pesado como herramienta de política energética. Colombia y Perú tienen experiencias interesantes con buses a gas. En Europa, ciudades como Madrid y Barcelona han probado con gas natural comprimido en flotas urbanas para reducir emisiones, aunque el hidrógeno y la electrificación ganan terreno más rápido.
Para Argentina, donde el transporte público sigue siendo mayoritariamente diésel, esta apuesta de MetroEnergía representa una oportunidad de alinearse con la abundancia de Vaca Muerta sin esperar exclusivamente a la exportación de GNL. Si el proyecto escala, podría convertirse en uno de los nuevos “mercados internos” que el sector energético viene buscando para justificar las inversiones en upstream.
El timing también es relevante. Con la producción de Vaca Muerta creciendo a tasas que superan el aumento de la demanda residencial e industrial tradicional, hace falta encontrar nuevos consumidores que absorban volúmenes crecientes. El transporte público, con rutas fijas y alto kilometraje diario, aparece como un cliente ideal.
Queda por ver si el Estado acompañará con incentivos fiscales o regulatorios, o si la iniciativa quedará librada exclusivamente a la rentabilidad privada. En cualquier caso, la movida de MetroEnergía marca un punto de inflexión: Vaca Muerta ya no es solo un tema de pozos, ductos y exportaciones. Empieza a bajar al nivel del colectivo de la esquina.