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Deudas de hasta u$s1.000.000 y 700 locales cerrados: otra cadena de comida rápida que se encamina a la quiebra

Publicado el 23/06/2026 19:35 hs

Una cadena internacional de comida rápida enfrenta pasivos millonarios, el cierre masivo de locales y una caída pronunciada e
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Una cadena internacional de comida rápida enfrenta pasivos millonarios, el cierre masivo de locales y una caída pronunciada en ventas. El caso genera alerta en el sector gastronómico y vuelve a poner el foco en la sostenibilidad de los modelos de franchising en economías emergentes.

La noticia de que una cadena internacional de comida rápida acumula deudas de hasta u$s 1.000.000 por local y ya ha cerrado alrededor de 700 sucursales en todo el mundo genera una nueva señal de alerta en el rubro gastronómico. El caso, que aún no fue confirmado oficialmente por la empresa pero circula con fuerza entre operadores del sector, ilustra los límites de un modelo que durante años se expandió con endeudamiento y apalancamiento en mercados volátiles.

Según datos que circulan entre consultoras del sector, la firma acumularía pasivos operativos que superan los u$s 300 millones en total, con un fuerte componente de alquileres impagos, proveedores y deudas con franquiciados. El cierre de casi 700 locales representa una contracción de más del 25% de su red global en menos de 18 meses. La mayor parte de los cierres se concentraron en Latinoamérica y Europa del Este, donde la combinación de inflación alta, depreciación cambiaria y caída del consumo real golpeó con más fuerza.

El fenómeno no es aislado. En los últimos tres años, varias cadenas de fast food y quick service han tenido que reestructurar sus balances. El aumento de los costos de insumos (especialmente proteínas y aceites), la suba de los alquileres indexados y la dificultad para trasladar esos incrementos a precios sin perder tráfico han erosionado márgenes de manera estructural. En Argentina, donde la inflación acumulada supera el 200% interanual en algunos períodos recientes, el desafío se agrava: mantener el ticket promedio real se vuelve casi imposible sin perder clientela.

Desde el punto de vista financiero, el caso pone de manifiesto el riesgo de los modelos de franchising apalancados. Muchas cadenas crecieron financiando la expansión con deuda en dólares o con compromisos fijos en moneda dura, mientras los ingresos son en moneda local depreciable. Cuando el tipo de cambio real se atrasa o la demanda se contrae, el servicio de esa deuda se vuelve insostenible. Algo similar ocurrió con otras marcas que, tras la pandemia, nunca lograron recuperar los niveles de ocupación y ticket previos a 2020.

El impacto local es relevante. Aunque la cadena en cuestión tiene presencia limitada en la Argentina, su eventual salida o reestructuración afectaría a decenas de franquiciados locales, proveedores de logística y a un segmento del empleo en gastronomía que ya viene golpeado. Según estimaciones del sector, el rubro perdió más de 15.000 puestos formales en los últimos dos años, en parte por la misma dinámica de costos crecientes y consumo estancado.

Desde una mirada comparada, el episodio recuerda lo ocurrido con varias cadenas norteamericanas que, tras el ciclo de tasas cero, enfrentaron un fuerte ajuste cuando la Fed comenzó a subir el costo del dinero. Los múltiplos de valuación de las empresas de quick service cayeron en promedio 35% entre 2021 y 2024. Aquellas que tenían balances más cargados de deuda fueron las primeras en tener que cerrar unidades o renegociar alquileres con landlords.

Lo que podría salir distinto esta vez es la velocidad de la reestructuración. Algunas cadenas están optando por ventas de paquetes de locales a operadores locales o por conversiones a formatos más pequeños y con menor costo fijo. Otras, directamente, optan por la quiebra ordenada para liberarse de contratos de alquiler de largo plazo. En cualquiera de los escenarios, el mensaje para el sector es claro: el modelo de expansión indiscriminada con deuda barata ya no es viable.

Para los inversores y operadores que aún apuestan al rubro, el caso sirve como recordatorio de que la rentabilidad ya no pasa por abrir locales sino por defender el margen por ticket. Eso implica renegociar contratos de alquiler, achicar menús, invertir en delivery eficiente y, sobre todo, tener una política de precios que no quede desfasada respecto de la inflación real. Quien no logre esa ecuación, corre el riesgo de engrosar la lista de cadenas que, tras años de crecimiento aparente, terminan cerrando masivamente.

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