Economista de Wall Street alerta sobre el dólar y sugiere ajustes al plan de Milei
Un referente cercano al Gobierno advierte que el tipo de cambio real se está apreciando y propone correcciones concretas en política cambiaria, créditos y meta inflacionaria para evitar desequilibrios de cara a 2025.
Un economista de Wall Street con buena llegada al equipo económico del Gobierno argentino alertó sobre el nivel actual del tipo de cambio real y recomendó medidas puntuales para corregir el rumbo del programa antes de que se intensifiquen las presiones electorales del año próximo.
El diagnóstico central es que la fuerte desaceleración de la inflación mensual —que ya se ubica por debajo del 4%— está generando una apreciación del peso que, si no se corrige, puede volver a complicar la competitividad y la acumulación de reservas. Según el experto, el tipo de cambio real multilateral se encuentra en niveles que, históricamente, han precedido a tensiones en el frente externo.
Tipo de cambio: corrección gradual pero creíble
La recomendación principal pasa por un crawling peg (devaluación diaria) que reconozca la brecha entre inflación y depreciación nominal. No se trata de un salto discreto —que el Gobierno descartó públicamente—, sino de ajustar la velocidad del crawling para que el tipo de cambio real no siga deteriorándose. El economista estima que un deslizamiento mensual del orden del 2% a 2,5% sería coherente con una inflación núcleo proyectada para los próximos meses.
Además, sugirió que el Banco Central debería comenzar a tolerar una mayor volatilidad intradiaria del dólar en el MULC. La excesiva estabilidad cambiaria de las últimas semanas, aunque útil para anclar expectativas, está enviando una señal de “dólar barato” que desalienta la liquidación de exportadores y alienta demandas de importación.
Créditos y demanda interna
Otro punto sensible que el Wall Street economist marcó es la necesidad de reactivar el crédito en pesos de manera ordenada. Hoy el stock de préstamos al sector privado se encuentra en niveles históricamente bajos como porcentaje del PIB. Recomendó que el BCRA relaje gradualmente las regulaciones macroprudenciales sin perder de vista la meta de inflación, para evitar que un rebote descontrolado del consumo presione sobre los precios.
“El desafío es pasar de una estabilización basada en recesión a una basada en crecimiento con productividad”, resumió. Para eso, según su visión, se necesitan señales claras de que el crédito volverá a fluir hacia sectores transables y no solo hacia consumo.
Meta inflacionaria: más ambiciosa pero realista
El experto también propuso que el Gobierno defina cuanto antes una meta inflacionaria explícita para 2025, preferentemente de un dígito anual. Hoy la discusión interna oscila entre quienes quieren “cero” y quienes aceptan un 15-20%. Según su criterio, una meta del 12% anual sería un ancla creíble y alcanzable si se mantiene el superávit fiscal primario y se sigue acumulando reservas.
Esta meta, además, permitiría al Banco Central comenzar a bajar tasas de interés reales de manera más sostenida, lo que ayudaría a descomprimir el costo financiero del Tesoro y a reactivar la demanda de crédito.
Contexto electoral y credibilidad
El timing de estas recomendaciones no es casual. Con 2025 a la vuelta de la esquina, el Gobierno sabe que cualquier desliz en la consistencia macro puede ser leído por los mercados como un giro hacia la heterodoxia electoral. Por eso, el economista insiste en que las correcciones deben hacerse ahora, mientras la inflación sigue bajando y el superávit fiscal aún genera credibilidad.
Desde el punto de vista institucional, sugirió reforzar la independencia de hecho del BCRA, aunque no se modifique la carta orgánica. “Los mercados miran menos las leyes y más los hechos. Si el Tesoro sigue financiándose sin emisión, la autonomía del Central se consolida sola”.
Riesgos si no se actúa
Si se ignora el warning sobre el tipo de cambio real, el riesgo es que en el segundo semestre de 2025 reaparezca la brecha cambiaria y se frene la acumulación de reservas. Eso obligaría a un ajuste más brusco justo cuando el ciclo electoral presione por mayor gasto.
La historia argentina está llena de programas que empezaron bien y se desinflaron por inconsistencias cambiarias. El economista de Wall Street, que conoce bien esos antecedentes, parece estar advirtiendo que esta vez la ventana de corrección está abierta, pero no es eterna.
Vale separar dos cosas: el diagnóstico técnico parece sólido, pero su implementación dependerá de la capacidad política del equipo económico para sostener el superávit fiscal frente a las demandas sectoriales que ya empiezan a aparecer. El dato relevante acá es que, por primera vez en mucho tiempo, un referente de los mercados no está pidiendo un shock sino ajustes finos dentro del esquema actual. Eso, en sí mismo, ya es una novedad.