EEUU bombardea Irán: el riesgo geopolítico que complica el panorama para los mercados emergentes
La nueva escalada militar de Estados Unidos contra Irán, en respuesta a un supuesto ataque a un petrolero en el estrecho de Ormuz, genera incertidumbre en las negociaciones de paz y añade presión sobre los precios del petróleo y los activos de riesgo.
La frase "Irán dejará de existir" pronunciada por un alto funcionario estadounidense resume, con crudeza, el tono de la última escalada militar en Medio Oriente. Washington anunció nuevos bombardeos selectivos sobre instalaciones iraníes, esta vez en respuesta a lo que describe como un ataque deliberado contra un petrolero en el estrecho de Ormuz.
El hecho no es menor. El estrecho de Ormuz es la arteria por donde circula casi el 20% del petróleo mundial. Cualquier disrupción allí se traduce de inmediato en precios más altos del crudo y, por arrastre, en mayor inflación global y menor crecimiento. Para Argentina, que importa casi todo su combustible, el impacto llega por dos canales: cuenta corriente y poder adquisitivo.
Desde el punto de vista macro, vale separar dos cosas. Por un lado, el shock de oferta que implica un petróleo más caro en un contexto donde la economía global ya venía perdiendo momentum. Por el otro, el efecto financiero: mayor aversión al riesgo, dólar fortalecido y salida de capitales de los mercados emergentes. Los bonos soberanos argentinos, que venían mostrando algo de recuperación, podrían volver a sufrir presión en los próximos días.
La historia reciente muestra que estos episodios suelen ser cortos pero intensos. En 2019, después de los ataques a las instalaciones de Aramco en Arabia Saudita, el Brent subió más de 15% en cuestión de horas para luego ceder parte de la ganancia una vez que se disipó el pánico. Esta vez el contexto es distinto: las negociaciones nucleares con Irán ya estaban en terapia intensiva y la retórica de ambos lados se volvió maximalista.
Lo que complica el panorama es la falta de un ancla diplomática clara. Si los bombardeos se limitan a objetivos militares y no escalan hacia una confrontación regional más amplia, el mercado probablemente lo digiera como un episodio de volatilidad. Pero si Irán responde cerrando el estrecho o atacando bases estadounidenses, el escenario pasa rápidamente de "riesgo geopolítico" a "crisis energética".
Para la Argentina de hoy, con reservas netas todavía en zona negativa y un programa económico que necesita dólares para estabilizarse, cualquier aumento sostenido del precio del petróleo es una mala noticia. No solo porque encarece las importaciones energéticas, sino porque reduce el espacio para que el Banco Central acumule reservas en un año donde la liquidación agropecuaria ya viene siendo menor a la esperada.
Desde el lente institucional, también es relevante observar cómo reacciona China. Pekín es el principal comprador de crudo iraní y uno de los pocos actores con capacidad de mediar. Si la respuesta china es meramente retórica, el episodio quedará como otro capítulo de la larga tensión entre Washington y Teherán. Si Beijing decide subir la apuesta, el tablero se vuelve mucho más complejo.
Antes de sacar conclusiones apresuradas, conviene monitorear dos variables en los próximos días: el comportamiento del precio del Brent y la evolución de las primas de seguro para buques que transitan por Ormuz. Cuando esos dos indicadores se mueven en la misma dirección y con fuerza, suele ser señal de que el mercado está internalizando un riesgo duradero.
La ironía del caso es que, mientras en Buenos Aires se discute si el ajuste fiscal es suficiente para anclar expectativas, en el Golfo Pérsico se decide parte del margen de maniobra que tendrá el próximo ministro de Economía. En economías emergentes como la nuestra, los shocks externos no son ruido de fondo: son variables centrales del modelo.