El dólar no afloja: los nuevos rangos de precio techo y piso que marcan los operadores
Con intervención diaria del BCRA y una demanda sostenida de divisas, analistas del mercado ajustaron sus proyecciones. El CCL se mueve en una banda estrecha y el blue mantiene presión alcista.
La cotización del dólar no da tregua. A pesar de la intervención diaria del Banco Central en el MULC y en los segmentos paralelos, la demanda de divisas se mantiene firme y los operadores ya empiezan a hablar de nuevos rangos de equilibrio para las próximas semanas.
Según relevamientos de mesas de dinero, el dólar CCL opera con un techo técnico cercano a los $1.280 y un piso en torno a los $1.240. El blue, por su parte, se consolida por encima de los $1.260, con operadores que ven difícil una caída por debajo de $1.230 sin un cambio sustancial en la oferta de dólares del agro o en las expectativas de devaluación.
"El BCRA está vendiendo entre USD 30 y 50 millones por día en el contado con liquidación para contener la brecha", señaló un operador de un banco local. Esa intervención, sumada a la liquidación estacional del agro, explica por qué el CCL no ha perforado con fuerza la zona de $1.250. Sin embargo, la demanda de cobertura sigue apareciendo cada vez que el tipo de cambio real multilateral se acerca a niveles considerados atractivos para los importadores.
Desde el punto de vista fiscal y monetario, el dato relevante es que el crawling peg del 2% mensual sigue siendo percibido como insuficiente por parte del mercado. Aunque la brecha se mantiene en torno al 35-40%, la percepción de que el ancla cambiaria puede ajustarse en algún momento del segundo semestre mantiene viva la demanda de dólares.
Vale separar dos cosas: por un lado, la intervención táctica del BCRA que logra estabilizar el CCL en la zona de $1.250-$1.270; por otro, la sostenibilidad de esa estrategia en el tiempo. Las reservas netas siguen en terreno negativo y el stock de leliqs y pases, aunque se está licuando en términos reales, sigue representando un potencial de emisión si la confianza se resquebraja.
Los analistas de research coinciden en que el piso más firme para el CCL en el corto plazo ronda los $1.220-$1.230. Por debajo de ese nivel, la liquidación de exportadores se volvería más atractiva y la demanda especulativa tendería a calmarse. El techo, en cambio, aparece más difuso: si el BCRA relaja la intervención o si aparecen noticias negativas sobre el acuerdo con el FMI, el CCL podría testear rápidamente los $1.320-$1.350.
Una mirada más larga muestra que Argentina vuelve a transitar el clásico dilema de los regímenes de crawling peg: mientras la inflación no converja a un dígito mensual, el tipo de cambio real se apreciará y tarde o temprano aparecerá presión sobre las reservas. El dato de inflación de abril, que volvió a sorprender al alza en su componente núcleo, no ayudó a calmar los ánimos.
El mercado también mira con atención el frente fiscal. El superávit primario de los primeros meses del año es real, pero su calidad es discutible: parte del ajuste se explica por licuación de gasto vía inflación y por postergación de pagos. Si ese superávit se consolida y se logra un acuerdo con el FMI que abra la puerta a desembolso de fondos, el escenario para el dólar se relajaría. Si no, la presión alcista sobre los paralelos tenderá a reaparecer.
Por ahora, los operadores trabajan con dos escenarios centrales. El optimista: BCRA acumula reservas, inflación sigue bajando y el CCL se mueve en una banda de $1.200-$1.280 hasta fin de año. El pesimista: la demanda de dólares se acelera en junio-julio por la estacionalidad de importaciones y el CCL rompe los $1.350, obligando a un ajuste más brusco de la política cambiaria.
Lo importante no es tanto el nivel puntual que alcance el dólar en los próximos 30 días, sino si el Gobierno logra construir una narrativa creíble de que el crawling peg es sostenible sin necesidad de devaluación brusca. Hasta ahora, la intervención del BCRA logra ganar tiempo. La pregunta es cuánto tiempo puede comprar.