Especialistas advierten que la pobreza ya rondaría el 50% bajo el modelo actual
El dato oficial de 34,2% a julio subestima la realidad según analistas, que señalan inconsistencias metodológicas y el fuerte aumento de los precios de los alimentos. Una advertencia sobre el costo social del ajuste.
El fuerte ajuste fiscal y la liberación de precios implementados desde diciembre de 2023 han generado un cambio de tendencia en los indicadores sociales. Según datos del INDEC, la pobreza alcanzó el 34,2% de la población al cierre del segundo trimestre de 2026. Sin embargo, especialistas consultados advierten que las inconsistencias metodológicas en la medición ocultarían hasta 20 puntos porcentuales adicionales, lo que llevaría la cifra real a rondar el 50%.
La información fue publicada originalmente por Tiempo Argentino el 27 de septiembre de 2026. En el trimestre analizado, los precios de los alimentos subieron por encima del promedio general de inflación. Este fenómeno afecta de manera desproporcionada a los hogares de menores ingresos, cuya canasta básica representa una proporción mayor de su gasto total. La combinación de pérdida de poder adquisitivo y contracción del empleo formal profundiza el deterioro.
Desde una perspectiva comparada, Argentina no es el primer país en experimentar un salto abrupto de la pobreza tras un shock de ajuste. Experiencias como la de Grecia entre 2010 y 2014 o la de varios países latinoamericanos en los años noventa muestran patrones similares: caída inicial del salario real, aumento de la indigencia y recuperación lenta que deja cicatrices estructurales. En esos casos, la recuperación del empleo formal tardó entre tres y cinco años una vez estabilizados los precios.
Los especialistas destacan que la medición oficial del INDEC, basada en la Encuesta Permanente de Hogares, enfrenta limitaciones en la captura de la inflación diferencial por decil de ingreso. Cuando se ajusta la canasta por los precios efectivamente pagados por los hogares más pobres, la incidencia de la pobreza se eleva de manera significativa. Ese ajuste metodológico, sostienen, revelaría una “catástrofe social” en curso.
El impacto se concentra en el Gran Buenos Aires y en el interior del país, con provincias del norte mostrando tasas aún más elevadas. La reducción del gasto público en programas de asistencia directa, aunque contribuyó a lograr superávit primario, tuvo como contrapartida un aumento de la vulnerabilidad de los sectores que dependen de transferencias.
Desde el punto de vista de la economía política internacional, este tipo de ajustes ortodoxos suelen generar costos sociales concentrados en el corto plazo, mientras los beneficios en términos de estabilidad macroeconómica se materializan más tarde y de forma más difusa. La pregunta que vale la pena hacerse es si la sociedad argentina dispone de mecanismos de contención suficientes para absorber el impacto sin que se produzcan rupturas irreversibles en el tejido social.
La evolución de los próximos trimestres será clave. Si la inflación de alimentos se modera y el empleo comienza a recuperarse, es posible que la pobreza inicie un sendero descendente. De lo contrario, el riesgo de consolidación de un nuevo piso de exclusión social se vuelve concreto. Por ahora, los números crudos y los análisis técnicos coinciden en señalar que el costo del ordenamiento macroeconómico está recayendo con mayor fuerza sobre los hogares de menores recursos.