JPMorgan advierte a Milei y Caputo: el crecimiento de minería y petróleo no alcanza sin un país para todos
El CEO de la entidad financiera, que respalda al Gobierno, pidió recuperar el consumo, generar más empleo, reducir la informalidad laboral y bajar impuestos. El análisis subraya que el impulso exportador solo no resuelve los desequilibrios estructurales.
La información fue publicada originalmente por Tiempo Argentino el 23 de septiembre de 2026.
El banco que más ha acompañado al actual Gobierno en los mercados internacionales emitió un mensaje claro: el crecimiento basado exclusivamente en minería, petróleo y gas no alcanzará para estabilizar la economía argentina de manera sostenible. Así lo transmitió el CEO de JPMorgan, quien instó a recuperar el consumo interno, generar empleo formal, reducir la informalidad y avanzar en una baja de impuestos que incentive la actividad.
El señalamiento adquiere peso porque proviene de una institución que ha sido uno de los principales colocadores de deuda soberana argentina en los últimos meses y que ha mostrado apoyo explícito al programa de ajuste fiscal. El banco reconoce los avances en la corrección de desequilibrios macroeconómicos, pero advierte que sin una recuperación más amplia del mercado interno el crecimiento será insuficiente y volátil.
Desde el punto de vista fiscal, el mensaje coincide con una realidad conocida: el superávit primario se sostiene sobre una contracción fuerte del gasto público y un aumento de la recaudación por inflación y por presión tributaria. Bajar impuestos sin una contrapartida de mayor base imponible y formalización laboral implicaría volver al déficit, algo que el mercado no perdonaría.
En materia de empleo, la informalidad sigue cerca del 45% según las últimas mediciones del INDEC. Sin políticas que faciliten la formalización —ya sea por reducción de cargas laborales o por crecimiento genuino de la demanda— el consumo no se recupera y la base tributaria se mantiene comprimida. El consumo privado representa más del 70% del PIB; ignorarlo equivale a apostar a un modelo exportador que, en la práctica, Argentina nunca logró sostener por más de unos pocos años.
El petróleo y la minería, especialmente el litio y el cobre, muestran números alentadores. Las exportaciones energéticas crecieron en los primeros ocho meses del año y varios proyectos de gran escala avanzan en San Juan, Catamarca y Neuquén. Sin embargo, estos sectores son intensivos en capital y generan empleo calificado pero limitado. No compensan la pérdida de puestos en industria, comercio y servicios que acompañó la recesión de 2024 y el primer semestre de 2026.
El comunicado de JPMorgan también pone el foco en la necesidad de “tener un país para todos”. La frase, más allá de su tono político, refleja una preocupación técnica: una sociedad con altos niveles de pobreza y desigualdad genera tensiones distributivas que terminan afectando la sostenibilidad de cualquier programa económico. La historia argentina es pródiga en ejemplos de ajustes exitosos en el corto plazo que fracasaron por falta de consenso social y político.
Ahora bien, el desafío práctico es cómo compatibilizar la baja de impuestos con el mantenimiento del superávit fiscal. La única vía creíble es la ampliación de la base imponible a través de mayor formalidad y crecimiento. Para eso se requiere estabilidad cambiaria, inflación controlada y reglas previsibles que alienten la inversión privada más allá de los commodities.
El Gobierno enfrenta aquí una paradoja conocida. El ajuste que permitió llegar al superávit fue necesariamente contractivo. La recuperación que ahora se reclama exige expandir la demanda sin volver a desequilibrar las cuentas. El Banco Central cuenta con reservas más holgadas que en 2024, pero la política monetaria sigue siendo restrictiva para anclar expectativas. El tipo de cambio real, aunque competitivo, genera tensiones en el sector industrial.
Una mirada comparada muestra que países como Chile o Perú lograron combinar boom de commodities con políticas que distribuyeron parte de esos ingresos hacia el mercado interno. No se trató de populismo, sino de instituciones fiscales contracíclicas y reglas claras de reinversión de rentas extraordinarias. Argentina carece todavía de esas herramientas.
El mensaje de JPMorgan no es una crítica opositora; es un recordatorio de que, incluso para los mercados más optimistas con el programa actual, el sendero fiscal virtuoso debe ir acompañado de una recuperación del empleo formal y del consumo. Sin esos dos componentes, el crecimiento seguirá siendo volátil y dependerá excesivamente de los precios internacionales de la energía y los minerales.
Antes de sacar conclusiones apresuradas, conviene seguir con atención cómo evoluciona la recaudación de septiembre y octubre, la evolución del consumo masivo medido por la Cámara Argentina de Comercio y los datos de empleo del Ministerio de Trabajo. Esos números dirán si la advertencia del banco neoyorquino es solo una observación o un llamado de atención que el Gobierno ya está tomando en cuenta.