Grupo uruguayo adquiere el 60% del laboratorio argentino creador del Reliverán por u$s 125 millones
La operación fortalece la presencia regional del comprador y marca un nuevo capítulo para una de las firmas farmacéuticas locales con mayor trayectoria en medicamentos de alto impacto.
Un grupo empresarial uruguayo cerró la compra del 60% del laboratorio argentino que desarrolló el Reliverán, uno de los medicamentos más conocidos del mercado local para el tratamiento de reflujo gastroesofágico. La transacción se concretó por u$s 125 millones y tiene como objetivo ampliar la huella del comprador tanto en la Argentina como en el resto de América Latina.
La operación se enmarca en un contexto de consolidación en la industria farmacéutica regional, donde las empresas buscan escalar mediante adquisiciones que les permitan sumar portafolios establecidos y capacidad productiva local. El grupo uruguayo cuenta ya con 17 plantas de producción distribuidas en América Latina y seis centros de investigación y desarrollo, lo que sugiere que la integración del laboratorio argentino buscará sinergias en manufactura, distribución y desarrollo de nuevos productos.
Desde el punto de vista macroeconómico, la llegada de capital regional a una firma argentina con trayectoria es una señal positiva en un año en el que la inversión extranjera directa sigue siendo escasa. Operaciones de este tipo suelen implicar no solo un ingreso de divisas, sino también transferencias de tecnología y mejoras en estándares de calidad que luego pueden replicarse en el resto de la cadena de valor local.
El laboratorio argentino que desarrolló el Reliverán tiene una larga historia en el mercado de medicamentos éticos y genéricos. Su producto estrella se convirtió en referencia para el tratamiento de patologías digestivas crónicas, lo que generó una base de ingresos recurrentes y una marca reconocida tanto por médicos como por pacientes. La venta de la mayoría accionaria no implica necesariamente un cambio inmediato en la gestión operativa, pero sí una reconfiguración del esquema de gobernanza y probablemente un impulso a la expansión regional.
Para el vendedor, la transacción representa una oportunidad de capitalizar parte de su inversión histórica y, eventualmente, destinar recursos a nuevos desarrollos o a reducir endeudamiento. En un sector donde los ciclos de I+D son largos y costosos, contar con un socio industrial fuerte puede aliviar las restricciones financieras que suelen enfrentar las empresas medianas argentinas.
La operación se suma a otras compras recientes de laboratorios locales por parte de jugadores regionales. En los últimos años, varios grupos de Brasil, México y ahora Uruguay han mostrado interés por activos argentinos con portafolios maduros, capacidad instalada y acceso al Mercosur. Este interés se explica, en parte, por la devaluación real del peso que abarata los activos en dólares y por la expectativa de una eventual estabilización macro que mejore el horizonte de rentabilidad.
Queda por ver cómo evoluciona la integración post-venta. La experiencia regional del grupo comprador sugiere que buscará aprovechar las economías de escala en compras de insumos activos, optimización logística y ampliación de la red de distribución. Para el laboratorio argentino, el desafío será mantener su identidad y capacidad de innovación mientras se alinea con los procesos y estándares de un jugador multinacional de origen regional.
En términos más amplios, este tipo de movimientos corporativos recuerdan que la industria farmacéutica sigue siendo uno de los pocos sectores manufactureros argentinos con superávit comercial sostenido y con capacidad de exportar conocimiento. Preservar y potenciar ese capital humano y productivo resulta clave en un escenario donde la economía busca diversificar su matriz productiva más allá de los commodities.