Economía

Lado B del boom exportador: Vaca Muerta ya dejó atrás su mejor momento

Las exportaciones petroleras de junio cayeron respecto a mayo y los próximos meses reflejarán el impacto de la baja en el precio internacional del barril. El aporte de dólares de Vaca Muerta entra en una fase más moderada.

Publicado el 22 de julio de 2026, 10:35 hs

Plataforma de extracción de petróleo en Vaca Muerta con atardecer en Neuquén
iProfesional — Finanzas

La exportación petrolera argentina de junio fue inferior a la de mayo, según datos preliminares del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) y del Ministerio de Economía. Aunque el dato mensual puede parecer un ruido estacional, la tendencia subyacente es más preocupante: el boom exportador de Vaca Muerta ya dejó atrás su mejor momento.

Entre 2020 y 2024, las exportaciones de crudo y derivados crecieron a tasas que pocos sectores productivos argentinos pueden exhibir. En 2023 superaron los USD 6.000 millones y en los primeros cinco meses de 2024 acumularon un récord provisorio. Sin embargo, junio marcó un retroceso y los próximos meses anticipan una corrección más pronunciada. El principal driver no es local: el precio internacional del barril de crudo Brent cayó de USD 86 a principios de año a menos de USD 75 en las últimas semanas.

¿Qué explica el cambio de ciclo?

Primero, el precio. El barril de crudo tipo exportación argentino (Medanito y Escalante) sigue de cerca el Brent. Cada dólar menos en el precio internacional se traduce directamente en menos divisas para el Banco Central. Segundo, la propia dinámica de Vaca Muerta: la fase más intensa de ramp-up de producción ya pasó. Muchas operadoras completaron sus planes de desarrollo inicial y ahora ajustan a la baja los programas de perforación ante un contexto de precios más ajustados.

Tercero, el tipo de cambio real. Con un dólar oficial que se devalúa al 2% mensual y una inflación que, aunque bajó, sigue corriendo por encima, el incentivo a exportar se diluye cuando el productor puede vender en el mercado interno a precios atados al internacional. El “dólar exportador” implícito ya no es tan atractivo como hace dos años.

Vale separar dos cosas. Que Vaca Muerta ya no sea el motor marginal de reservas que fue entre 2022 y 2024 no significa que el yacimiento esté en crisis. La producción total de petróleo sigue en niveles elevados (por encima de los 700 mil barriles diarios en promedio) y la curva de declinación natural se compensa con nueva perforación. Pero el aporte neto de divisas al BCRA será menor que el pico reciente. Esto obliga a repensar las proyecciones de acumulación de reservas para la segunda mitad del año.

La mirada comparada

Algo similar ocurrió en otros países exportadores de shale. En Estados Unidos, el tight oil de Permian y Bakken mostró una clara sensibilidad al precio del WTI por debajo de USD 70-75. Cuando el precio cae, las operadoras reducen rigs y postergan wells. Argentina no es distinta: el breakeven de Vaca Muerta ronda los USD 50-60 en muchos bloques, pero el umbral para inversión incremental agresiva está más cerca de los USD 70-75. Por debajo de ese nivel, la prioridad pasa a ser cash flow y dividendos antes que crecimiento de producción.

Además, el contexto fiscal y regulatorio local agrega ruido. Aunque el gobierno actual mejoró la previsibilidad con la ley de incentivos a las grandes inversiones (RIGI), la macro sigue dominada por cepo, inflación y déficit. Los inversores internacionales que miran Vaca Muerta siguen exigiendo un tipo de cambio competitivo y reglas estables de largo plazo.

Implicancias para la política cambiaria y fiscal

Si el aporte de dólares de Vaca Muerta se modera, el Banco Central tendrá menos colchón para intervenir en el MULC y acumular reservas netas. Esto refuerza la necesidad de un superávit fiscal genuino y de una política monetaria que no dependa de la liquidación estacional del agro y los hidrocarburos. En otras palabras, el “lado B” del boom exportador obliga a una mayor disciplina macro.

Lo que podría salir distinto es un rebote del precio internacional del crudo. Si la OPEP+ recorta más producción o si la demanda global (especialmente de China e India) se recupera con fuerza, el Brent podría volver a los USD 80-85. En ese caso, Vaca Muerta recuperaría rápidamente atractivo. Pero apostar a eso es riesgoso: los analistas de Goldman Sachs y JPMorgan han revisado a la baja sus proyecciones para 2025, incorporando un escenario base más cercano a los USD 70-75.

En síntesis, el boom exportador de hidrocarburos no se revierte, pero sí entra en una fase de madurez. El aporte de dólares ya no será el mismo que en los últimos 18 meses. Eso no es una tragedia, pero sí un dato relevante para quienes modelan el balance de pagos y la sustentabilidad del esquema cambiario. Antes de sacar conclusiones optimistas sobre “el fin de la restricción externa”, conviene mirar con atención el lado B de la curva de exportaciones de Vaca Muerta.

El dato relevante acá es que la diversificación exportadora sigue siendo incompleta. Argentina sigue dependiendo demasiado de un puñado de commodities (soja, maíz, petróleo) cuyos precios son volátiles. Reducir esa vulnerabilidad requiere no solo más Vaca Muerta, sino también más industria, más conocimiento y más reglas de juego que sobrevivan a los ciclos políticos.

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