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Riesgo país en mínimos de 8 años: ¿alcanza el shock de Caputo para que la economía despegue?

Publicado el 23/06/2026 16:05 hs

Con el riesgo país en los niveles más bajos desde 2017, el Gobierno apuesta a que el abaratamiento del financiamiento impulse
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Con el riesgo país en los niveles más bajos desde 2017, el Gobierno apuesta a que el abaratamiento del financiamiento impulse la inversión privada y reemplace a la obra pública. Sin embargo, la industria sigue en jaque y el crecimiento no termina de arrancar.

El riesgo país cayó por debajo de los 700 puntos básicos por primera vez en ocho años, según el indicador elaborado por JP Morgan. Es un dato que el equipo económico de Luis Caputo celebra como prueba de que la confianza en la sostenibilidad de la deuda está mejorando. Pero la pregunta que queda flotando es si esa mejora en las condiciones de financiamiento externo alcanza para generar el despegue que la economía argentina aún no muestra.

Desde el Ministerio de Economía insisten en que el abaratamiento del costo de endeudamiento va a permitir que el sector privado tome el relevo de la obra pública, cuya ejecución viene cayendo fuerte por el ajuste fiscal. La idea es clara: tasas más bajas en dólares deberían alentar proyectos de inversión de mayor plazo, especialmente en infraestructura y energía. Sin embargo, la transmisión de este alivio a la economía real todavía es débil.

La industria, uno de los sectores que más debería beneficiarse de un entorno de menor riesgo soberano, sigue en jaque. Según datos del INDEC, la actividad industrial acumula una caída interanual de casi 12% en los primeros cuatro meses del año. Sectores como el automotriz, el de maquinaria y el textil muestran niveles de producción que recuerdan los peores momentos del 2020. La combinación de demanda interna deprimida, altos costos financieros en pesos y una capacidad ociosa que supera el 40% en varios rubros explica gran parte de esta parálisis.

"El riesgo país bajo ayuda, pero no resuelve el problema de fondo de la demanda", resume un informe reciente de la consultora Equilibra. Y es que, aunque el carry trade en pesos sigue siendo atractivo para los inversores extranjeros, la inversión productiva requiere algo más que tasas de interés bajas: reglas de juego estables, un tipo de cambio competitivo y expectativas de crecimiento que hoy no están consolidadas.

Caputo apuesta a un shock de confianza. La estrategia pasa por acumular reservas, mantener el superávit fiscal primario y reducir gradualmente las intervenciones en el mercado cambiario. El objetivo declarado es llegar a fin de año con un programa que permita pensar en una salida ordenada del cepo. Pero el timing es delicado: si se levanta el control de cambios demasiado pronto, la corrida cambiaria puede volver; si se demora demasiado, la economía real sigue asfixiada.

Una mirada histórica muestra que Argentina ya vivió momentos de "riesgo país bajo" sin que eso se tradujera en crecimiento sostenido. Entre 2016 y 2017, con el indicador por debajo de 400 puntos, el Gobierno de entonces también esperaba que llegara la "lluvia de inversiones". El resultado fue un ciclo corto de crecimiento seguido de una fuerte corrección en 2018. La lección es que la mejora en la percepción de riesgo es condición necesaria, pero no suficiente.

Desde el lado fiscal, el superávit primario se sostiene, aunque buena parte de él proviene de licuación de gasto por inflación y recorte de obra pública. El desafío ahora es que ese superávit se vuelva creíble en el mediano plazo, sin depender de ingresos extraordinarios ni de ajustes que se reviertan apenas mejora la coyuntura.

Lo que podría salir distinto esta vez es el contexto externo. Con tasas de la Fed en camino de bajar y un escenario global de menor aversión al riesgo emergente, Argentina tiene una ventana de oportunidad que no tuvo en otros intentos. Brasil, por caso, logró en 2016-2017 combinar ajuste fiscal con recuperación de la inversión privada; la clave fue una reforma previsional y un marco regulatorio estable en energía e infraestructura.

Para que el shock funcione, Caputo necesita que la baja del riesgo país se traslade efectivamente a las tasas locales de largo plazo. Hoy los bonos soberanos en dólares rinden alrededor del 7-8% anual, niveles que empiezan a ser compatibles con proyectos de inversión. Pero la curva en pesos sigue mostrando una fuerte prima de inflación y devaluación, lo que limita el crédito productivo.

La industria, mientras tanto, espera señales concretas. Las pymes manufactureras vienen pidiendo desde hace meses una política cambiaria más predecible y alivio en las cargas sociales. Sin esos dos componentes, la mejora en el riesgo país corre el riesgo de quedar como un fenómeno financiero que no termina de derramar sobre la economía real.

Antes de sacar conclusiones definitivas, vale separar dos cosas: la estabilización macro está avanzando, pero la recuperación sigue pendiente. El dato relevante acá es si en los próximos trimestres vemos que la inversión bruta interna fija empieza a crecer de manera consistente. Si eso ocurre, el shock de Caputo habrá valido la pena. Si no, estaremos ante otro caso de mejora de precios relativos sin impacto en la actividad.

El Gobierno tiene margen para seguir bajando el riesgo país, pero el reloj corre. La economía no despega solo con números de Wall Street; necesita que ese alivio financiero se convierta en puestos de trabajo y en producción. Hasta ahora, la apuesta sigue en curso.

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