Analistas del BCRA confirman recesión: contracción del 1% en el tercer trimestre
Los consultados por el Banco Central estiman que la actividad económica cayó 1% entre julio y septiembre, tras el retroceso de 0,6% ya registrado por el Indec en el segundo trimestre.
Los analistas que participan del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central coinciden en que la economía argentina ya entró en recesión técnica. Según sus proyecciones, el Producto Interno Bruto se contrajo alrededor de 1% en el tercer trimestre de 2026 respecto al mismo período del año anterior.
La información fue publicada originalmente por Tiempo Argentino el 7 de octubre de 2026. Este dato se suma al retroceso de 0,6% que el Indec informó para el segundo trimestre, lo que configura dos trimestres consecutivos de caída. La combinación de ajuste fiscal estricto, licuación de ingresos reales y tasas de interés elevadas continúa pesando sobre el consumo y la inversión privada.
Desde una perspectiva comparada, el patrón no sorprende. Países que implementaron programas de consolidación fiscal brusca en contextos de alta inflación suelen experimentar una contracción inicial más profunda de lo previsto. Lo ocurrido en varios emergentes entre 2018 y 2022 muestra que el “ajuste que duele” rara vez se limita al primer semestre.
El REM también proyecta una recuperación moderada para el cuarto trimestre, aunque con sesgo a la baja. La mayoría de los encuestados espera que el año cierre con una caída acumulada del PIB cercana al 2,5%, una cifra que coincide con estimaciones privadas actualizadas en las últimas semanas.
El impacto se siente de manera asimétrica. Sectores sensibles al crédito y al consumo masivo —como electrodomésticos, automotriz y construcción— acumulan caídas de dos dígitos. En cambio, actividades vinculadas a la exportación de commodities y ciertos servicios de alto valor mantienen un dinamismo relativo.
Desde el punto de vista de la política económica, la confirmación de la recesión plantea un dilema clásico: continuar con el ancla fiscal y monetaria para bajar la inflación o introducir estímulos selectivos que mitiguen el costo social y productivo. Hasta ahora el Gobierno priorizó la primera opción, confiando en que la estabilización macro allanará el camino para una recuperación más sostenible en 2027.
La pregunta que vale la pena hacerse es cuánto tiempo tomará esa recuperación. La experiencia histórica argentina y de otros emergentes indica que las recesiones inducidas por ajuste suelen dejar cicatrices: menor capacidad instalada, aumento del desempleo estructural y pérdida de habilidades en la fuerza laboral.
Para el lector que tiene que tomar decisiones de inversión o consumo, el mensaje es claro. En un contexto de recesión confirmada, los activos reales y aquellos ligados a la exportación tienden a comportarse mejor que los dependientes del mercado interno. La liquidez y la prudencia financiera vuelven a ser prioritarias hasta que aparezcan señales claras de inflexión en los indicadores de actividad.
El dato del REM no hace más que poner números a lo que ya se venía observando en la calle y en los balances de las empresas. La recesión llegó; ahora resta saber cuán profunda será y, sobre todo, cuán rápido podrá revertirse sin comprometer los avances logrados en materia de inflación y disciplina fiscal.