Economía

Crecimiento sin empleo: 8 de los 10 sectores que más crecieron bajo Milei perdieron 339 mil puestos

La minería, el campo y las intermediaciones financieras lideraron la expansión con 5,6% pero destruyeron casi 330 mil empleos desde noviembre de 2023. Un patrón que se repite en ocho de los diez rubros con mejor desempeño.

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Cartelera de corcho con avisos de empleo sin texto
(CC BY 4.0 — libre difusión con atribución a Q Company)

Los datos del Indec sobre actividad económica y empleo en el segundo trimestre de 2026 confirman una tendencia que ya se venía insinuando: el crecimiento que registra la economía argentina desde mediados de 2025 no está llegando al mercado de trabajo. Ocho de los diez sectores que más aportaron al rebote del PIB perdieron, en conjunto, 339 mil empleos asalariados registrados desde que Javier Milei asumió la Presidencia.

La información fue publicada originalmente por Tiempo Argentino el 30 de septiembre de 2026. El caso más emblemático es el de la minería, el agro y las actividades financieras e inmobiliarias. Estos tres rubros, que explican gran parte del crecimiento acumulado, registraron una expansión promedio de 5,6% en el período analizado, pero perdieron 329.667 puestos de trabajo formales. La minería, en particular, muestra una fuerte ganancia de productividad por trabajador, impulsada por proyectos de litio y cobre que requieren poca mano de obra local en su fase inicial.

El resto de los sectores ganadores sigue un patrón similar. Solo dos de los diez rubros con mayor crecimiento neto crearon empleo neto. El resto destruyó puestos, aunque con intensidades distintas. En promedio, por cada punto de crecimiento en estos sectores se destruyeron alrededor de 12 mil empleos registrados.

Esta dinámica tiene varias lecturas. Por un lado, refleja un proceso de recomposición de la estructura productiva: las actividades que más crecen son intensivas en capital y en conocimiento, no en trabajo no calificado. Por otro, pone en evidencia que el ajuste fiscal y la corrección de precios relativos todavía no generaron el rebote de la demanda que tradicionalmente impulsa la contratación en servicios y comercio.

Desde el punto de vista macro, el fenómeno no es inédito. En recuperaciones poscrisis, Argentina suele mostrar primero una fuerte mejora de la productividad (menos gente produciendo más) antes de que el empleo responda. Lo que cambia en esta ocasión es la magnitud: la caída del empleo registrado en los sectores líderes es más pronunciada que en ciclos anteriores.

El dato relevante es que la destrucción de empleo se concentra en los mismos sectores que hoy sostienen el crecimiento. Eso sugiere que el rebote actual tiene un sesgo hacia la productividad y no hacia la cantidad de trabajo. Si esa tendencia se consolida, el desafío para los próximos trimestres será que ese mayor producto por trabajador se traduzca en mayor inversión y, eventualmente, en mayor demanda de mano de obra.

Hasta ahora, la recuperación se sostiene en precios relativos favorables para el agro y la minería, en un contexto de menor inflación y en la normalización de algunos servicios. Pero sin una recuperación clara del empleo formal, el círculo virtuoso entre producción, ingresos y consumo sigue incompleto.

Antes de sacar conclusiones apresuradas conviene mirar el dato desestacionalizado del segundo trimestre. Allí la tendencia de destrucción de empleo se moderó levemente en algunos rubros, aunque todavía no se revierte. La pregunta abierta es si la baja de tasas reales y la posible reactivación del crédito productivo serán suficientes para que las empresas vuelvan a contratar antes de fin de año.

Lo que sí parece claro es que el modelo de crecimiento actual prioriza eficiencia sobre cantidad de empleo. Ese trade-off no es nuevo en economías emergentes que salen de una crisis de balances, pero en Argentina, con un mercado de trabajo ya frágil, sus costos sociales son inmediatos y visibles.

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